Ezequiel Lovrovich, 2026, “Paraimagen”, vista de obras en sala, cortesía del artista, ph Francisco D'Angelo
El pasado 4 de septiembre, Ezequiel Lovrovich presentó “Paraimagen” en Hotel Inminente, en la ciudad de Córdoba, Argentina. En esta exposición, el artista convierte su investigación sobre las imágenes digitales en un procedimiento de trabajo. El término que da nombre al proyecto funciona tanto como concepto teórico como herramienta artística: el prefijo «para» le permite pensar la imagen desde aquello que la rodea, permanece al margen o incluso cuestiona su funcionamiento habitual.
Lovrovich trabaja sobre una dimensión de la imagen que normalmente permanece fuera de campo. Le interesa aquello que sucede antes de que una imagen aparezca en una pantalla: los datos, las instrucciones y las operaciones que permiten producirla y hacerla visible.
Lovrovich estudia la llamada “capa instruccional” de las imágenes digitales. Su investigación se concentra en los comportamientos químico-matéricos relacionados con su producción y se desarrolla desde una práctica intermedial. En su recorrido reciente participó de exposiciones, residencias y talleres en Argentina, España y Noruega. Desde 2023 integra el equipo de investigación Imagen Total, dirigido por Manuel Molina y Eugenia Roldán.
En el espacio de Hotel Inminente, el artista trabaja con dos colores que le permiten establecer conexiones entre diferentes momentos de la historia de las imágenes. El azul lo lleva hacia técnicas y materialidades anteriores a Internet, como la cianotipia, los telares y la tradición pictórica. El verde croma lo acerca a la producción audiovisual y a la posibilidad de reemplazar una superficie por otra imagen.
Lovrovich utiliza estos elementos para observar cómo las tecnologías modificaron nuestra relación con las imágenes. No se trata de contraponer una historia analógica con un presente digital. El artista busca reconocer continuidades y transformaciones. Le interesa aquello que persiste en la construcción de una imagen cuando cambian las herramientas utilizadas para producirla.
El código ocupa otro lugar central en su investigación. Lovrovich trabaja con su representación visual, lo relaciona con el cuerpo y lo lleva hacia el croma. También experimenta con la recursividad de las imágenes y con diferentes formas de trasladar una lógica digital al espacio físico.
Esta operación le permite detenerse en una característica fundamental de las imágenes digitales: su condición de información. Antes de convertirse en una imagen reconocible, una fotografía, un video o una ilustración digital existen como datos y lenguaje codificado. Lovrovich busca hacer visible esa dimensión que permanece escondida detrás de la representación.
A partir de allí, el artista también revisa la relación entre quien mira y el dispositivo que permite mirar. La pantalla deja de ser para él una superficie neutral. Es un sistema que organiza la experiencia visual y que también participa en la producción de aquello que vemos.
En este punto, su investigación entra en diálogo con las discusiones sobre las “imágenes invisibles” de Trevor Paglen, aquellas producidas para ser interpretadas por máquinas. También aparecen como referencias la tradición de Harun Farocki y los planteos de Jussi Parikka y Claudio Celis Bueno sobre la visión maquínica.
Lovrovich toma estas discusiones para formular una pregunta: ¿qué podemos hacer mientras somos hechos por las pantallas? El interrogante modifica su posición frente a la tecnología. Ya no se trata solamente de observar qué imágenes producen los dispositivos, sino de preguntarse qué hacen esos mismos dispositivos con quienes los utilizan.
La investigación del artista se desarrolla entre la producción y la escritura. Lovrovich estudia, formula conceptos y luego lleva esos problemas al terreno material. También permite que el trabajo artístico vuelva sobre la investigación y modifique las preguntas iniciales. En ese movimiento, teoría y práctica dejan de funcionar como dos campos separados.
“Paraimagen” se construye desde ese cruce. Lovrovich no intenta representar el funcionamiento de una imagen digital. Busca intervenirlo. Trabaja con sus códigos, sus superficies y sus dispositivos para acercarse a una zona que normalmente queda escondida.
La exposición puede leerse así como una investigación sobre qué significa mirar una imagen cuando detrás de ella existe una estructura que también nos mira, nos organiza y procesa nuestra experiencia. Lovrovich se mueve en ese espacio intermedio entre la imagen que vemos y las instrucciones que hacen posible su existencia. Desde allí, utiliza la práctica artística para intentar descifrar esa estructura y encontrar una forma de intervenirla.
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