GB. England. New Brighton. De 'The Last Resort'. 1983-85.
El fotógrafo británico Martin Parr falleció a los 73 años. Su obra, celebrada y discutida en igual medida, transformó la fotografía documental al convertir la vida ordinaria en un estudio sociológico visual. Su archivo queda como uno de los testimonios más incisivos del consumo, el turismo y la cultura popular de las últimas décadas.
Parr nació en 1952 y desde adolescente encontró en la cámara una herramienta para mirar sin reverencias. No se interesó por lo heroico ni por la excepcionalidad. Su territorio fueron las playas atestadas, las ferias barriales, los supermercados, los souvenirs y los rituales cotidianos que otros preferían ignorar.
A partir de los años ochenta adoptó una estética deliberadamente saturada, con flashes directos y colores ácidos que rompían con la tradición documental en blanco y negro. Ahí apareció su marca. No buscaba neutralidad, sino fricción. Su manera de mirar incomodaba porque ponía en escena aquello que la sociedad prefería no ver de sí misma.
Parr fue miembro destacado de Magnum Photos, una institución que durante décadas había sostenido el credo del fotógrafo testigo. Su incorporación tensionó esa tradición. Mientras muchos de sus colegas construían épica, Parr mostraba sandalias con medias, turistas rojos por el sol, reyes del consumo masivo, cenas congeladas, sonrisas forzadas.
La crítica lo acusó de cinismo y de tratar a sus sujetos como caricaturas. Sin embargo, su obra siempre devolvió la responsabilidad al espectador. Las imágenes no mostraban una burla simple, sino un paisaje social en el que todos participamos.
Uno de los aportes más contundentes de Parr fue convertir el humor en una herramienta analítica. La ironía no funcionaba como distancia, sino como forma de acceso. Su obra sobre el turismo global en aeropuertos, resorts, playas y cruceros, es de las más estudiadas del siglo XXI porque revela cómo lo popular, lo aspiracional y lo kitsch expresan estructuras económicas y simbólicas mucho más profundas.
Su mirada iluminaba un punto ciego: la fotografía documental también puede leer el tejido afectivo y cultural del capitalismo cotidiano.
Con más de cien libros publicados y exposiciones en los museos más importantes del mundo, Parr construyó un archivo monumental. Sus series sobre Inglaterra, Irlanda, Japón y América Latina funcionan como atlas sociales, como inventarios de gestos y hábitos que definen una época.
En 2017 creó la Martin Parr Foundation para preservar y difundir la fotografía documental británica. Su rol como editor y mentor fue tan influyente como su obra.
La muerte de Parr no cierra un capítulo, lo expande. Su archivo se vuelve brújula para pensar cómo la fotografía puede narrar tensiones de clase, consumo, identidad y pertenencia sin recurrir a solemnidades.
En un tiempo donde el registro de lo cotidiano está saturado por las redes sociales, su obra resiste por algo simple y difícil: no buscaba agradar, buscaba revelar. Y esa decisión lo convierte en una figura imprescindible para entender no solo la fotografía contemporánea, sino también la cultura que la produce.
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