Thomas Hirschhorn, "Pavillon Simone Weil", Día 18, 2026. Vista del proyecto en Pavillon Sicli, Ginebra. Cortesía del artista.
Thomas Hirschhorn llega a Buenos Aires con una agenda que combina relato y producción colectiva. El viernes 11 de septiembre, el artista suizo dará una conferencia en el Centro de Arte de la Universidad Torcuato Di Tella sobre «Pabellón Simone Weil», el proyecto que desarrolló durante 78 días en Ginebra a comienzos de este año. Una semana después, del 12 al 20 de septiembre, su presencia en la ciudad se extiende con FORO POST–POST, una experiencia de producción colectiva organizada junto a PROA21 que retoma, en clave local, algunas de las preguntas centrales de su trabajo. Entre la conferencia y el foro, la visita ofrece dos maneras de acercarse a los procedimientos con los que Hirschhorn viene pensando la forma del monumento, la presencia y el espacio compartido.
El viernes 11 de septiembre, Thomas Hirschhorn dará una conferencia en el Centro de Arte de la Universidad Torcuato Di Tella, en Buenos Aires, sobre Pabellón Simone Weil, proyecto realizado del 31 de marzo al 16 de junio de 2026 en el Pavillon Sicli de Ginebra. Durante 78 días, el artista trabajó a partir de un procedimiento que denomina «Presencia y Producción»: permaneció diariamente en el espacio y desarrolló la obra junto con alrededor de cincuenta colaboradores locales. El pabellón estuvo abierto siete días por semana, doce horas al día, y su configuración fue modificándose a partir de las actividades y producciones realizadas durante ese período.
El proyecto estuvo dedicado a Simone Weil (1909-1943) y tomó su pensamiento como una de sus referencias centrales. Conceptos desarrollados por la filósofa francesa, entre ellos la atención, la obligación, el arraigo y la decreación, acompañaron la experiencia de Hirschhorn durante esos meses. La elección continúa una línea de trabajo en la que el artista ha dedicado monumentos a figuras como Baruch Spinoza, Gilles Deleuze, Georges Bataille y Antonio Gramsci.
En Ginebra, Hirschhorn trabajó con una estructura temporal y una construcción en proceso. El espacio comenzó prácticamente vacío, con cerca de dos mil paletas de madera que fueron utilizadas para levantar las diferentes áreas del pabellón. El artista definió este procedimiento como «Forma Evolutiva»: montaje, exposición y desmontaje fueron concebidos como momentos de una misma obra, sometida a una transformación continua mientras permanecía abierta.
Dentro del pabellón funcionaron una radio, un periódico y una cantina, junto con conferencias, talleres, cine y actividades teatrales. Al mediodía se ofrecía comida caliente gratuita y, según el balance posterior de Hirschhorn, algunas jornadas llegaron a prepararse hasta 190 comidas. Estas condiciones formaban parte de su intención de mantener el espacio accesible a públicos diversos y de producir situaciones de permanencia dentro de la obra.
Otra de las pautas fue el «Non-Programming», término con el que Hirschhorn define una modalidad abierta a producciones surgidas de la presencia cotidiana y de iniciativas que no respondían necesariamente a un programa establecido de antemano. Para el artista, disponer de tiempo y compartirlo constituían condiciones centrales de este procedimiento.
Pabellón Simone Weil se inscribe en la investigación que Hirschhorn desarrolla desde hace décadas alrededor de la forma del monumento. En su balance del proyecto de Ginebra, el artista vuelve sobre cuatro condiciones que orientan esa búsqueda: un monumento dedicado a una figura desde una relación de afecto; precario y limitado en su existencia material; realizado con habitantes del lugar; y capaz de producir encuentros, diálogos, obras, conocimiento, reflexiones, conflictos y memorias. Bataille Monument, realizado para Documenta 11 en Kassel en 2002, y Gramsci Monument, instalado en 2013 en Forest Houses, en el Bronx, son antecedentes de esta investigación.
La experiencia de Ginebra estuvo atravesada por conflictos que Hirschhorn incorporó posteriormente a su propia evaluación de la obra. El artista relata que, después de los primeros treinta días y ante una situación marcada por episodios de violencia, críticas externas y tensiones internas, consideró interrumpir el proyecto. Según su testimonio, la decisión de los colaboradores de continuar resultó decisiva para completar los 78 días. En su lectura posterior, esas fricciones forman parte de los problemas asociados a la construcción de un espacio público y a las condiciones concretas de la presencia.
Hirschhorn también reconoce una distancia entre sus expectativas iniciales y algunos de los resultados. En el balance que publicó una semana después de finalizar el proyecto, señala que el pensamiento de Simone Weil no tuvo la presencia que esperaba dentro de las intervenciones y producciones realizadas. Para el artista, faltó una mayor concentración en su obra y sus conceptos. Esta observación introduce una tensión dentro del propio proyecto: la apertura hacia situaciones imprevistas podía desplazar la referencia intelectual alrededor de la cual había sido concebido.
La conferencia en Buenos Aires estará dedicada precisamente al relato de esa experiencia. A través de imágenes y de su testimonio, Hirschhorn revisará los 78 días de Pabellón Simone Weil y las condiciones que acompañaron su realización. Su balance permite acercarse al proyecto desde aquello que produjo durante su existencia material y desde las preguntas que el artista mantiene abiertas acerca de la posibilidad de construir un monumento temporal en el presente.
La visita de Hirschhorn a Buenos Aires no se agota en la conferencia del 11 de septiembre. Entre el 12 y el 20 de septiembre, PROA21 se suma al Centro de Arte de la Di Tella para llevar adelante FORO POST–POST, una iniciativa pensada junto con el artista que traslada a la ciudad algunos de los procedimientos ensayados en Ginebra: durante diez días, la institución deja de funcionar como sala de exhibición para convertirse en un lugar de trabajo compartido, donde discutir y fabricar imágenes en torno a un interrogante que propone el propio Hirschhorn: qué queda por hacer al margen de la inteligencia artificial.
La producción no pasa por pantallas sino por materiales de taller —cartón, cinta, marcadores, pintura, papel— con los que los participantes irán armando de forma conjunta frases, preguntas e imágenes. La propuesta apuesta deliberadamente por lo manual y lo grupal como contrapunto a los modos de circulación digital, buscando que la reflexión se dé en el propio proceso de hacer y no como un paso previo o posterior a él.
El cronograma contempla dos encuentros de trabajo participativo en la sede de PROA21, además de una instancia final abierta al público en la que quedarán a la vista los materiales producidos a lo largo de esas jornadas.
En ese sentido, FORO POST–POST prolonga en Buenos Aires varios de los ejes que atravesaron Pabellón Simone Weil: la centralidad de la presencia física, la producción hecha a muchas manos y un formato que se termina de definir en el propio hacer, sin sujetarse a un guion cerrado de antemano.
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