El MALBA anunció la incorporación de la Colección Daros Latinamerica, adquirida por su fundador Eduardo F. Costantini. El conjunto reúne 1233 obras de 117 artistas y casi duplica el acervo de arte latinoamericano moderno y contemporáneo del museo, que alcanzará unas 3000 piezas. La operación se inscribe en un plan de expansión edilicia y conceptual rumbo al 25° aniversario de la institución en 2026.
La compra de la Colección Daros Latinamerica marca un punto de inflexión en la historia del MALBA. No se trata solo de sumar obras, sino de modificar estructuralmente el alcance del museo. Con esta incorporación, la colección de arte latinoamericano moderno y contemporáneo del museo pasa a ubicarse entre las más extensas e importantes del mundo abiertas al público.
El conjunto adquirido abarca producciones realizadas principalmente entre las décadas de 1950 y 2010, con una fuerte presencia de prácticas contemporáneas que hasta ahora tenían una representación más acotada dentro del museo.
Durante más de dos décadas, la Colección Daros Latinamerica funcionó como uno de los acervos privados más relevantes dedicados al arte contemporáneo de la región. Fundada en el año 2000 por Ruth Schmidheiny junto a Stephan Schmidheiny, la colección tuvo sede en Zúrich, con un espacio museístico propio entre 2002 y 2011, y luego en Casa Daros en Río de Janeiro.
La decisión de integrar el conjunto al MALBA implica, implica además de un traspaso patrimonial, un gesto simbólico. Las obras regresan a América Latina para ser preservadas, investigadas y exhibidas con una vocación claramente regional.
La llegada de la colección amplía de manera decisiva la presencia de fotografía, video e instalación dentro del museo. Se incorporan obras de artistas como Ana Mendieta, Rosângela Rennó, Paz Errázuriz, Marcos López, Alfredo Jaar, José Alejandro Restrepo, Javier Téllez y Melanie Smith, entre otros.
A su vez, ingresan conjuntos fundamentales de figuras históricas como Julio Le Parc, Lygia Clark, Gego, Antonio Dias, Mira Schendel, Liliana Porter y Luis Camnitzer. Entre las obras emblemáticas que pasan a integrar el acervo se encuentran Relevo espacial de Hélio Oiticica, Analogía I de Víctor Grippo, Untitled (Glass on Body Imprints) de Ana Mendieta, Missão/Missões (Como construir catedrais) de Cildo Meireles y La cena de Belkis Ayón.
Uno de los datos más significativos es el ingreso de setenta y cinco artistas que hasta ahora no estaban representados en la colección de Malba ni en la de Costantini. Entre ellos se destacan Doris Salcedo, Carlos Cruz Diez y Jesús Rafael Soto, con obras producidas en las décadas de 1990 y 2000. Esto amplía la narrativa del museo y permite revisar el arte latinoamericano contemporáneo desde una perspectiva más compleja, menos lineal y más diversa.
La adquisición también modifica el mapa geográfico del acervo. Se profundiza la representación de países como Colombia y Cuba, y se incorporan obras provenientes de Costa Rica, Honduras, Jamaica, Panamá y República Dominicana. A los núcleos ya consolidados de Argentina, Brasil y México se suma ahora una lectura más amplia del Caribe y Centroamérica. Este nuevo equilibrio permitirá desarrollar exposiciones panorámicas y líneas de investigación que hasta ahora resultaban difíciles de sostener por falta de masa crítica de obras.
El anuncio de la compra se articula con un ambicioso proyecto de ampliación del edificio del MALBA, que se desarrollará bajo la Plaza República del Perú. La obra duplicará la superficie actual del museo hasta alcanzar los 8000 metros cuadrados y habilitará nuevas salas de exhibición, áreas de conservación y espacios para programas públicos.
Entre las novedades se incluye la creación de un programa integral dedicado al diseño y al arte textil, además de responder a la necesidad concreta de exhibir una colección en constante crecimiento.
Para Costantini, la incorporación de la Colección Daros Latinamerica representa un punto culminante en la historia del museo. No solo suma obras contemporáneas a un acervo de maestros modernos, sino que proyecta un salto de escala institucional de cara a los próximos 25 años. La operación redefine el rol del MALBA en el escenario global y consolida a Buenos Aires como uno de los principales nodos para la lectura, conservación y exhibición del arte latinoamericano moderno y contemporáneo.
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