Una filtración registrada en el Museo del Louvre provocó daños en varios centenares de documentos pertenecientes a la Biblioteca de Antigüedades Egipcias. El incidente no afectó obras de las salas de exhibición, pero sí alcanzó manuscritos, libros y archivos de investigación de fin del siglo XIX y comienzos del XX, los cuales ahora requieren tratamiento especializado.
La fuga se originó en un sector técnico del edificio y, aunque fue detectada con relativa rapidez, el agua alcanzó estanterías completas. El personal del museo actuó de inmediato, aisló el área y trasladó el material afectado a laboratorios de secado y estabilización.
La institución aclaró que ninguna pieza exhibida en las galerías egipcias resultó dañada. Sin embargo, el impacto en la biblioteca es significativo. Los documentos forman parte de los recursos de estudio que nutren investigaciones sobre patrimonio faraónico, conservación y arqueología.
El Louvre, con su escala monumental y una arquitectura que combina siglos distintos, enfrenta un riesgo constante. Sus sistemas de climatización, drenaje y mantenimiento requieren ajustes permanentes. Cuando estos fallan, la fragilidad de los archivos queda expuesta.
El incidente vuelve a recordar que la conservación del patrimonio no es solo un gesto curatorial, sino una tarea de infraestructura. La modernización de sistemas en museos históricos es una deuda que muchas instituciones asumen con dificultad por su complejidad y su costo.
Los equipos del museo trabajan en la separación hoja por hoja del material, el secado controlado y la evaluación del grado de deterioro. Algunas piezas podrán recuperarse por completo, otras requerirán restauración y un porcentaje podría resultar irrecuperable.
El proceso no será breve. La recuperación de documentos afectados por agua puede extenderse meses, incluso años, dependiendo del tipo de papel, la tinta y la magnitud del daño.
La filtración en la Biblioteca de Antigüedades Egipcias abre una conversación más amplia sobre los riesgos que enfrentan los museos en un contexto de infraestructuras envejecidas y un volumen de materiales difícil de proteger de forma absoluta.
También expresa algo que el público no siempre ve. La mayor parte del patrimonio que resguardan los museos no está expuesta en salas. Está en depósitos, archivos, bibliotecas, laboratorios. Cuando un incidente afecta esos espacios, toca un núcleo menos visible pero fundamental para la producción de conocimiento.
El Louvre ya activó protocolos y aseguró que la investigación no se detendrá. Lo que ocurre ahora es una carrera silenciosa para salvar todo lo posible. Un recordatorio de que la memoria cultural también depende del estado de las cañerías, los muros y la infraestructura que sostiene las obras y su estudio.
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