A cincuenta años de la Bienal Arte 1976, la Bienal de Venecia revisita el proyecto de Janus dedicado a Man Ray, transformando una exposición histórica en un ejercicio de arqueología curatorial y reflexión sobre el archivo.
En estos días, el Portego de Ca’ Giustinian permite sumergirse en el pasado: un salto en el tiempo de cincuenta años que nos conduce a la Bienal Arte de 1976. Es la Bienal de Germano Celant, de los caballos de Kounellis reinstalados en el Pabellón Central, de las intervenciones de Merz y de Beuys y de las construcciones en madera, acero y vidrio de Acconci, Nauman y Palermo.
Pero es también la Bienal de un proyecto expositivo más contenido que marcó un punto clave en la genealogía institucional de la fotografía en Italia. Se trata de la muestra Man Ray. Testimonianza attraverso la fotografia, curada por Janus y presentada en la Isla de San Giorgio Maggiore.
Ahora, a cincuenta años de distancia, la exposición Man Ray, l’immagine ritrovata, instalada en el Portego de Ca’ Giustinian, recupera el proyecto expositivo de 1976, configurándose como una verdadera operación de arqueología curatorial: una muestra que toma como objeto otra muestra y que trabaja explícitamente sobre el tema de la transmisión y la memoria en el ámbito de la historia expositiva.
El núcleo de la exposición está constituido por las 160 fotografías donadas por Man Ray a la Bienal en ese mismo 1976: una selección heterogénea de copias, negativos originales realizados por él, así como reproducciones fotográficas, imágenes extraídas de libros, catálogos y otras publicaciones. Se trata, por tanto, de un archivo de imágenes que ya en 1976 ponía en crisis la distinción entre original y copia, entre fotografía como medio y fotografía como instrumento de reproducción. Entre ellas, algunas de las imágenes más icónicas de Man Ray, como El ojo con lágrima de 1933, y una serie de retratos de artistas y personalidades de la época, como Duchamp, Picabia, Dora Maar, James Joyce y la marquesa Casati, representada de pie, envuelta en un largo vestido negro.
El recorrido expositivo se enriquece con materiales provenientes del Archivo Histórico de la Bienal, como documentos y catálogos que insertan las valiosas fotografías de Man Ray en un marco más amplio, reconstruyendo lo que fue una Bienal que sin duda marcó la historia.
Particularmente significativa en este sentido es la reedición del catálogo histórico Man Ray. L’immagine fotografica, publicado en 1977, que será presentado con motivo del taller. El catálogo no es tratado como un simple aparato secundario, sino como una extensión de la obra y de la propia exposición: un dispositivo teórico que contribuye a construir la imagen pública y crítica de Man Ray. La presencia en su interior de textos de Tzara, Breton y Duchamp pone en evidencia cómo la fotografía es inscrita desde el inicio en una constelación discursiva que supera el medio e involucra directamente a las vanguardias.
Más que “reencontrar” la imagen de Man Ray, la muestra parece poner en escena su continua reescritura. En este sentido, Man Ray, l’immagine ritrovata funciona como una exposición sobre el archivo antes que sobre el maestro del Surrealismo: un ejercicio de memoria crítica que interroga la manera en que la fotografía, de instrumento experimental de las vanguardias, se convirtió en una tecnología fundamental de la propia historia del arte.