"Ibirapema", producido por Olinda Tupinambá, Pinacoteca de Sao Paulo. Foto: Levi Fanan
En la Sala de Vídeo del edificio Pina Luz, en la Pinacoteca de São Paulo, Ibirapema (2022) de Olinda Tupinambá se instala como un dispositivo de desplazamiento. No sólo en términos formales, entre cine, documento y relato expandido, sino en relación con aquello que entendemos por “lo real”.
Desde su apertura, el film se inscribe en una lógica ritual. El litoral no aparece como paisaje disponible, sino como memoria en tránsito. En esa primera inflexión ya se advierte una operación clave: el territorio deja de ser fondo para convertirse en agente. Tupinambá no se limita a representar un espacio físico, sino que lo activa como campo de relaciones, como superficie donde persisten temporalidades que la historia oficial ha intentado clausurar.
El propio título introduce una capa decisiva. La ibirapema, arma ritual de los pueblos tupíes, no es aquí una cita etnográfica, sino una herramienta conceptual. Funciona como gesto de intervención sobre las narrativas dominantes: capturarlas, desestabilizarlas, devolverlas a un estado de conflicto. En este sentido, la obra no se limita a cuestionar representaciones, sino que opera sobre sus condiciones de producción.
La práctica de Tupinambá, atravesada por sus pertenencias Tupinambá y Pataxó Hã-hã-hãe, insiste en una continuidad entre lenguajes y saberes. Periodismo, cine y lo que podríamos entender como una forma situada de mediación cultural se entrelazan sin jerarquías. El resultado es una fricción sostenida que permite la emergencia de epistemologías otras, no como archivo sino como presencia activa.
En Ibirapema, la transformación en onça (jaguar) se articula como una tecnología del cuerpo, un modo de habitar el tránsito y desestabilizar la idea de identidad fija. Ese pasaje, cuerpo en potencia, cuerpo en devenir, introduce una dimensión que desborda la lectura simbólica: obliga a pensar en formas de existencia que operan entre mundos, sin necesidad de traducirse completamente a categorías occidentales.
El film se construye así como un campo de fuerzas. Una meditación que no excluye el enfrentamiento. Entre borramiento e insurgencia, entre visibilidad e invisibilización, la obra tensiona la idea de lo humano como categoría estable. Lo humano aparece, más bien, como algo en constante recomposición, afectado por encuentros, fricciones y persistencias.
Curada por Ana Paula Lopes, la exhibición se inscribe en una programación que reconoce la centralidad de la imagen en movimiento en el arte contemporáneo brasileño. Sin embargo, la presencia de Tupinambá introduce algo más que diversidad dentro de la institución: instala una pregunta sobre sus límites. ¿Qué ocurre cuando una obra no busca ser incorporada, sino alterar las condiciones mismas de visibilidad?
Fechas: 11 de abril de 2026 – 27 de diciembre de 2026
Curaduría: Ana Paula Lopes
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