Exposiciones

Txuspo Poyo. Arqueologías de memoria colectiva en Bilbao



Últimos días en Azkuna Zentroa para visitar la gran exposición Anónima, que reúne una selección de obras capaces de revelar el universo distintivo y personal creado por Txuspo Poyo, basado en la interacción entre su interés por los temas históricos y documentales y su traducción en proyectos artísticos.

Incluso antes de bajar las escaleras y dirigirse al subsuelo para ver la exposición, es obligatorio perderse en el atrio del Azkuna Zentroa, un lugar capaz de generar vértigo. Azkuna Zentroa conserva una de las transformaciones arquitectónicas más emblemáticas del Bilbao contemporáneo. Nacido a comienzos del siglo XX como una gran alhóndiga municipal destinada al almacenamiento de vino, aceite y licores, el edificio diseñado por Ricardo Bastida permaneció durante años como un cuerpo suspendido dentro de la ciudad, una gigantesca arquitectura industrial cargada de memoria y silencio. La posterior transformación firmada por Philippe Starck convirtió este lugar en una especie de catedral contemporánea dedicada a la cultura, donde pasado industrial e imaginación conviven todavía hoy en una tensión sorprendentemente viva. Tal vez por eso Anónima parece encontrar aquí su ubicación natural. También el edificio, como el trabajo de Txuspo Poyo, conserva rastros, supervivencias y metamorfosis. Como si las propias paredes continuaran custodiando las vidas anteriores que habitaron este espacio.

Txuspo Poyo, Anónima. Vista en Azkuna Zentroa, Bilbao

La exposición Anónima de Txuspo Poyo en Azkuna Zentroa, visitable hasta el 17 de mayo, se despliega como una gran constelación de imágenes, restos, documentos e intuiciones poéticas capaces de devolverle a la materia una densidad casi narrativa. En lo que representa la investigación más amplia dedicada hasta ahora al artista navarro, el proyecto expositivo curado por Álvaro de los Ángeles compone una gramática del fragmento donde memoria privada e historia colectiva conviven en un equilibrio móvil y extremadamente lúcido. La impresión inicial coincide con el ingreso a un espacio que conserva huellas, sedimentaciones y apariciones. Objetos consumidos por el tiempo, películas, periódicos, postales, metales, fotografías y materiales de archivo adquieren una presencia casi ritual. Poyo trabaja sobre el residuo cultural como si cada elemento todavía conservara una temperatura emocional lista para reactivarse en el presente; la muestra construye así una geografía dispersa, hecha de relaciones sutiles, retornos visuales y cortocircuitos semánticos. En filigrana emergen algunas grandes reflexiones del siglo XX. El eco de Walter Benjamin aparece en la capacidad de los objetos para custodiar memorias sobrevivientes al tiempo, mientras que el pensamiento de Hal Foster reaparece en la manera en que el trauma histórico retorna continuamente bajo la forma de imagen, ruina y símbolo.

Txuspo Poyo, Anónima. Vista en Azkuna Zentroa, Bilbao

También Michel Foucault y Roland Barthes permanecen como presencias subterráneas dentro de una muestra que reflexiona sobre el destino de las imágenes, la dispersión del autor y la construcción colectiva del conocimiento. Todo el proyecto se funda, de hecho, sobre una noción de anonimato entendida como materia común y como territorio compartido de la memoria. El propio título sugiere una cultura que se transmite a través de gestos colectivos, sedimentaciones populares y saberes difundidos. En este sentido, el trabajo de Poyo adquiere una cualidad profundamente política aun manteniendo una tensión lírica y meditativa.

Dentro de la exposición, Túnel de la Engaña emerge como el corazón pulsante de todo el recorrido expositivo. La obra recupera la historia del túnel ferroviario inconcluso destinado a conectar Santander con el Mediterráneo durante el franquismo. Una gigantesca infraestructura suspendida en el tiempo, construida gracias al trabajo forzado de presos políticos y marcada por la silicosis, el agotamiento y una dimensión casi épica de la ruina histórica. Poyo transforma esta historia en un dispositivo visual de enorme intensidad simbólica, capaz de reunir arqueología industrial, memoria política y dimensión visionaria. El túnel adquiere progresivamente el carácter de un organismo fantasma. La montaña conserva el peso del trabajo humano, de las vidas consumidas y de las promesas modernistas irresueltas, y cada elemento presente en la instalación parece custodiar una tensión subterránea. La materia herida del paisaje se convierte así en un archivo emocional, casi una cicatriz colectiva impresa en la geografía.

Txuspo Poyo, Túnel de La Engaña 2014-16

Es precisamente aquí donde aparece la figura del elefante, probablemente la imagen más perturbadora y poética de todo el proyecto. El animal introduce dentro de Túnel de la Engaña una dimensión arquetípica y casi inconsciente. Su masa silenciosa parece absorber el trauma histórico del túnel hasta transformarlo en imagen mítica, en fantasma colectivo y en memoria viviente. El elefante lleva consigo un imaginario ligado a la memoria profunda, a la persistencia del recuerdo y a la transmisión colectiva de la experiencia. Numerosos estudios etológicos cuentan, de hecho, cómo los elefantes manifiestan formas complejas de duelo, permaneciendo junto a los cuerpos de sus semejantes, tocando sus huesos, regresando a los lugares de la pérdida y conservando una relación emocional muy intensa con la muerte. Dentro de la obra de Poyo, esta sensibilidad casi ancestral amplifica todavía más la presencia del animal. El elefante se convierte en custodio de aquello que permanece invisible en los archivos oficiales; su presencia monumental parece contener el peso de las vidas obreras, de la enfermedad y de la dignidad humana. Al mismo tiempo, su naturaleza casi irreal dentro de ese paisaje montañoso genera una sensación de extrañamiento profundamente cinematográfica. Poyo construye así una imagen abierta, casi onírica, donde el símbolo amplía el alcance emocional de la historia. También la letra “E” restaurada asume el valor de un fragmento sobreviviente al colapso del tiempo, un signo mínimo capaz de custodiar una memoria política y humana mucho más amplia que su forma concreta.

Txuspo Poyo, Anónima. Vista en Azkuna Zentroa, Bilbao

 Junto a este gran núcleo narrativo, otros proyectos contribuyen a amplificar la complejidad del universo del artista. La obra Izaro, por ejemplo, desarrolla una reflexión sutil sobre el ritual y la identidad territorial vasca a través de la tradición de la teja arrojada al mar durante la fiesta de la Magdalena. Aquí Poyo interviene sobre el gesto colectivo con una precisión casi invisible, fundiendo metales provenientes de las embarcaciones de los territorios involucrados en la disputa simbólica de la isla. La obra adquiere así una cualidad suspendida entre antropología, memoria popular y construcción poética del paisaje. Series como Cadáveres exquisitos transforman, en cambio, los obituarios de los periódicos en archivos afectivos, mientras Gabinetes pedagógicos reflexiona sobre la transmisión del conocimiento y las estratificaciones ideológicas presentes en los instrumentos educativos. Cada obra mantiene una autonomía lingüística propia, contribuyendo a la construcción de un paisaje expositivo extremadamente articulado. Incluso cuando la referencia histórica aparece evidente, el artista conserva siempre un componente visionario capaz de amplificar la materia real hasta volverla casi metafísica. Sucede en los meteoritos de Cuerpos celestes, en las superficies reflectantes de Delay Glass, en las postales consumidas por el tiempo de Postales. Tecnología, memoria y paisaje conviven dentro de un sistema de imágenes que parece interrogar continuamente la manera en que construimos el presente.

La exposición de Txuspo Poyo confirma hasta qué punto ciertas prácticas artísticas contemporáneas todavía logran producir pensamiento complejo junto con una fuerte implicación emocional. Anónima devuelve al público una idea del arte como espacio de relación entre experiencia individual y memoria colectiva, entre arqueología de lo cotidiano e imaginación crítica. Una muestra estratificada, erudita y sorprendentemente vibrante, capaz de transformar cada fragmento en una posibilidad narrativa.

Txuspo Poyo, Anónima. Vista en Azkuna Zentroa, Bilb
Este artículo fue publicado originalmente en exibart.com

Simona Gavioli

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