Performance El encuentro de los Tepal cates, 2021. En el Swiss Institute, NY. Foto: RojoNegro.
En RojoNegro, el sueño funciona como método de investigación y como práctica cotidiana. Sosa y Martínez registran y comparten sus sueños desde hace años, entendiendo ese intercambio como una forma de conocimiento vinculada a la experiencia corporal y a la memoria ancestral. Ese archivo íntimo atraviesa obras como Tepalcates de sueños (2022), donde animales, piedras volcánicas, plantas y cuerpos fragmentados emergían como imágenes suspendidas entre distintos tiempos históricos.
El colectivo trabaja con los símbolos prehispánicos como entidades activas. Las referencias a códices, rituales, figuras arqueológicas o conceptos nahuas aparecen como parte de una investigación sobre la persistencia de otras formas de comprender el cuerpo y el territorio. En distintos proyectos, RojoNegro explora nociones como el tonalismo y el nahualismo para pensar la identidad como una condición expandida, vinculada a animales, fenómenos naturales, plantas o fuerzas espirituales.
Esa dimensión atraviesa de manera directa exposiciones recientes como Volví a ser vasija, volví a ser animal, volví a ser planta, volví a ser tiempo, presentada en el MAZ en 2024. Allí, esculturas, pinturas y piezas suspendidas construían un ecosistema donde cuerpos humanos, entidades animales y materiales orgánicos aparecían conectados. El proyecto retomaba conceptos vinculados a las entidades anímicas mesoamericanas para explorar cómo distintas fuerzas habitan simultáneamente el cuerpo.
En la obra del colectivo, la materialidad es un elemento principal. Papel amate, hilo de ixtle, tabaco, semillas de cacao, hueso, metal, textiles teñidos o piel curtida aparecen como materiales cargados de memoria cultural y experiencia ritual. Su presencia construye relaciones entre lo doméstico, lo ceremonial y lo político. En instalaciones recientes como Los fragmentos que curan (2025), estos elementos articulan reflexiones sobre desaparición forzada, racismo, devastación ecológica y violencia estructural en México.
El fragmento ocupa un lugar central dentro de su práctica. Fragmentos de cerámica, restos arqueológicos, textos dispersos, imágenes incompletas o cuerpos seccionados aparecen constantemente en sus instalaciones y performances. El fragmento opera como una forma de reconstrucción: una posibilidad de rearticular memorias interrumpidas por la violencia colonial y por las narrativas oficiales de la historia.
Las performances del colectivo expanden estas preocupaciones hacia el movimiento, el sonido y la acción ritual. En El encuentro de los tepalcates (2021), presentada en el Swiss Institute de Nueva York, Sosa y Martínez utilizaron vestimentas textiles intervenidas con textos, huesos y fragmentos metálicos para activar acciones coreográficas construidas desde la repetición, la respiración y el gesto ceremonial. El cuerpo aparecía allí como un archivo vivo: un espacio donde se inscriben las tensiones entre historia, memoria y resistencia.
también resulta significativa la manera en que el colectivo trabaja la temporalidad. Sus proyectos activan relaciones simultáneas entre pasado y presente, articulando referencias arqueológicas, memorias ancestrales y experiencias contemporáneas dentro de un mismo espacio simbólico. En sus obras, los sueños, los rituales y los cuerpos funcionan como territorios donde distintas capas históricas permanecen vivas y en constante transformación.
La fuerza de su práctica radica precisamente en esa capacidad de producir imágenes y acciones donde lo ritual, lo político y lo afectivo no aparecen separados. Cada proyecto funciona como un territorio de encuentro entre cuerpos, lenguajes y memorias que continúan disputando formas de existencia en el presente.
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