De izquierda a derecha: Juan Ricardo Rincón Gaviria (Director), María Paula Bastidas (Curadora asociada), Magalí Arriola (Curadora jefe), José Esparza Chong Cuy (Curador jefe), Juliana Steiner Fraser (Curadora asociada). Foto por Andrea Gamboa Betancourt
Bogotá confirmó que la segunda edición de su Bienal Internacional de Arte y Ciudad se realizará en septiembre de 2027 bajo el nombre BOG27, y presentó al comité curatorial que estará a cargo, encabezado por la mexicana Magali Arriola y el también mexicano José Esparza Chong Cuy. En paralelo, la Alcaldía abrió cuatro convocatorias públicas por mil millones de pesos colombianos, dirigidas a artistas, curadores y colectivos locales, con cierre el 5 de octubre de 2026. La curaduría de esta edición se apoya en una reflexión del historiador de arte John Berger sobre la mirada entre especies, y propondrá pensar a Bogotá como un territorio de interdependencia entre formas de vida humanas y no humanas.
La Alcaldía Mayor de Bogotá, a través de la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte, confirmó que la Bienal Internacional de Arte y Ciudad de Bogotá —evento de arte contemporáneo y arte público de la capital colombiana, que convierte calles, plazas y espacios públicos en un museo al aire libre— tendrá su segunda edición en septiembre de 2027, bajo el nombre BOG27.
La confirmación de esta segunda edición despeja una incógnita que circulaba en el ámbito artístico local. La primera Bienal se anunció de manera relativamente repentina, con un despliegue centrado en el centro histórico y el norte de la ciudad, y una convocatoria de público que la organización cifró en cerca de tres millones de visitantes. Ese formato, sumado a la falta de anuncios sobre una continuidad, llevó a que en distintos sectores del medio artístico bogotano se instalara la duda de si se trataría de un evento aislado más que del inicio de un programa bienal estable. El anuncio de BOG27 confirma ahora esa continuidad.
La bienal presentó a su comité curatorial, integrado por seis profesionales que se repartirán la conceptualización y el acompañamiento de los proyectos artísticos en todas sus etapas. La curaduría jefe recae en dos figuras de trayectoria internacional: la escritora y curadora independiente mexicana Magali Arriola, quien dirigió el Museo Tamayo de Ciudad de México entre 2019 y 2025 y curó el pabellón de su país en la 58ª Bienal de Venecia, en 2019, y el curador y arquitecto también mexicano José Esparza Chong Cuy, director ejecutivo y curador jefe de Storefront for Art and Architecture, en Nueva York, desde 2018, quien curó el pabellón de Kosovo en la 61ª Bienal de Venecia. A ellos se suman las curadoras asociadas María Paula Bastidas y Juliana Steiner Fraser, el curador pedagógico Elkin Rubiano y el director de la bienal, Juan Ricardo Rincón Gaviria, quien completa un equipo que combina la mirada internacional de sus curadores jefe con la experiencia local del resto del comité.
Desde el 15 de julio, la organización mantiene abiertas cuatro convocatorias públicas dirigidas a artistas, curadores, colectivos y agentes culturales de Bogotá, que en conjunto suman 51 incentivos y una bolsa de mil millones de pesos colombianos. La primera, «Bogotá inédita», seleccionará cuarenta iniciativas con un incentivo de 4 millones de pesos cada una, dirigidas a propuestas capaces de dialogar con el territorio y aportar nuevas miradas sobre la vida y sus manifestaciones. La segunda, «Intervenciones barriales», busca proyectos artísticos pensados desde y para los barrios de la ciudad. La tercera, «Curadurías independientes», financia proyectos curatoriales colectivos, con dos incentivos de 100 millones de pesos cada uno, a los que se suman sendas curadurías de lugar específico para la Alianza Francesa sede Centro y el Centro Colombo Americano, cada una con un incentivo de 75 millones de pesos. La cuarta, «Instalación efímera in situ», está orientada a obras temporales concebidas para el espacio público. El plazo de todas las convocatorias cierra el 5 de octubre de 2026.
Esta apuesta por las «Intervenciones barriales» responde, al menos en parte, a una discusión que atraviesa al medio artístico bogotano desde la primera edición: la concentración de las sedes principales en el centro y el norte de la ciudad, las zonas donde se conserva la mayor parte del patrimonio arquitectónico considerado emblemático. Algunas voces del sector señalan que ese criterio, sumado a las profundas desigualdades urbanas de Bogotá —donde el sur creció históricamente al margen de la planificación institucional—, tiende a dejar fuera del mapa curatorial buena parte del territorio y la comunidad artística de la ciudad. La nueva convocatoria orientada a proyectos populares en otras localidades puede leerse como una respuesta a ese señalamiento, aunque su alcance real, y el peso que finalmente tendrá dentro de la programación general frente a los proyectos de mayor escala e inversión, es algo que solo podrá evaluarse una vez que la Bienal despliegue su programa completo.
La curaduría de BOG27 parte de una pregunta formulada por el historiador de arte John Berger en su libro Por qué mirar a los animales (1977): quién mira a quién, y bajo qué condiciones se configura ese encuentro entre especies. Desde esa reflexión sobre el reconocimiento mutuo y las redes de interdependencia que sostienen la vida urbana, la segunda Bienal Internacional de Arte y Ciudad de Bogotá pondrá el acento en la fragilidad y la interdependencia entre especies, tomando a la ciudad como escenario para observar cómo los entornos naturales y construidos se convierten en anfitriones de relatos de afinidades y tensiones entre distintas formas de vida.
Con Bogotá como caso de estudio, la bienal propone un ejercicio de reconocimiento en el que los vínculos entre especies afines, domesticadas, invisibilizadas o incluso desaparecidas cuestionan la lectura antropocéntrica de la historia. La curaduría se inspira además en el formato narrativo de mitos y fábulas, entendidos como metáforas del comportamiento humano, e invita a pensar la urbe no como un espacio que deba protegerse de otras especies, sino como un campo de interrelaciones donde toda forma de vida, al sostenerse, transforma inevitablemente su entorno. Bajo esta premisa, la posibilidad de una convivencia armónica no estaría en evitar esa transformación, sino en aprender a habitarla.
Con este marco conceptual y un comité curatorial de proyección internacional, BOG27 se perfila como una cita relevante del calendario de bienales latinoamericanas para 2027. El desafío estará en si logra sostener esa proyección internacional sin perder de vista la pluralidad de una ciudad que, como recuerda buena parte de su propia comunidad artística, es mucho más que sus edificios patrimoniales.
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