Buenos Aires suma un nuevo espacio a su mapa de producción artística. Se trata de Tercer Espacio, una plataforma creada conjuntamente por la Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF) y ArtHaus, instalada en un predio de aproximadamente 700 m² sobre avenida Vélez Sarfield, en Barracas, y pensada para funcionar como un polo cultural con proyección territorial, federal e internacional.
Más que un espacio físico, sus impulsores lo definen como un modelo de cooperación entre una universidad pública y una institución privada: UNTREF pone la investigación, los recursos humanos y la legitimidad académica —incluida su experiencia con BIENALSUR —, mientras que ArtHaus aporta infraestructura, logística y capacidad operativa. Según explican, esa combinación permite alcanzar una escala que ninguna de las dos instituciones lograría por separado, y proponen la alianza como un caso de estudio sobre nuevas formas de colaboración entre lo público y lo privado en el sector cultural latinoamericano.
El nombre elegido no es casual (y recuerda de cerca al Tercer Paraíso, el proyecto de Michelangelo Pistoletto con quien BIENALSUR mantiene una larga historia de colaboración): busca darle a la alianza una identidad compartida y duradera, capaz de sostener múltiples iniciativas a lo largo del tiempo, más allá de que los programas y convocatorias específicas vayan cambiando. Andrés Denegri, coordinador de la carrera de Artes Electrónicas de la UNTREF y creador del proyecto, resume la idea de fondo: «Tercer Espacio no designa un edificio. Designa una condición institucional», un lugar donde universidad, sector privado, artistas, investigadores, curadores y gestores culturales trabajan juntos para producir nuevos conocimientos y obras.
Desde la conducción de ambas instituciones, el mensaje es coincidente: para Aníbal Jozami, rector emérito de la UNTREF, el proyecto se inscribe en una larga trayectoria de convenios y redes de colaboración de la universidad. Del lado de ArtHaus, su director general, Andrés Buhar, y el director de Artes Visuales, Sebastián Vidal Mackinson, coinciden en que la unión de capacidades complementarias amplía las posibilidades de creación para los artistas y fortalece a la escena cultural en su conjunto. Diana Wechsler, vicerrectora de la UNTREF y directora de su departamento de Arte y Cultura, suma una mirada sobre la sostenibilidad del proyecto: sostiene que una institución cultural no depende solo de quienes la dirigen, sino de una comunidad amplia de artistas, investigadores, curadores, técnicos, becarios y colaboradores.
La convocatoria está dirigida a un espectro amplio de perfiles: artistas visuales, sonoros y audiovisuales, performers, músicos, diseñadores, programadores creativos, investigadores, colectivos interdisciplinarios y, en general, cualquier profesional que desarrolle proyectos vinculados al arte contemporáneo. No se trata, entonces, de una residencia acotada a una disciplina específica, sino de un programa que apuesta por el cruce entre lenguajes y formatos.
Durante tres meses, un grupo de 25 Artistas en Residencia trabajará en el espacio de producción especialmente acondicionado dentro del predio de Barracas. La propuesta pedagógica combina distintos formatos: encuentros colectivos de análisis y discusión, tutorías tanto conceptuales como técnicas, asesoramiento de especialistas invitados, acceso al espacio de trabajo para el desarrollo de los proyectos, y actividades abiertas al público que buscan generar puentes con la comunidad artística local.
El programa contempla dos modalidades de participación —Artistas en Residencia y Participantes Oyentes—, cada una con aranceles diferenciados, y ofrece además un sistema de becas cuyos detalles se comunican directamente a través del correo de contacto de la institución.
Esta primera Residencia-Taller se estructura en torno al ecosistema que nutre la carrera en Artes Electrónicas de la UNTREF, bajo la coordinación de Andrés Denegri y Augusto Zanela, buscando reforzar el cruce entre investigación académica y prácticas artísticas contemporáneas en un entorno de trabajo colaborativo.
El proceso de selección será breve y concentrado en las primeras semanas de septiembre:
La instancia de cierre —los Talleres Abiertos de diciembre— funcionará como el momento de socialización de los proyectos desarrollados durante la residencia, permitiendo que el trabajo realizado puertas adentro dialogue con públicos externos.
La aparición de Tercer Espacio se suma a un ecosistema de residencias y espacios de producción en Buenos Aires que en los últimos años ha crecido de la mano de alianzas entre universidades, fundaciones y colectivos independientes. Su anclaje en Barracas —un barrio que en la última década consolidó su perfil como polo de talleres, galerías y espacios de producción— y el hecho de sostenerse sobre una alianza formal entre una universidad pública y una institución privada lo distinguen de otros modelos más autogestionados, apuntando a construirse como una plataforma de largo plazo antes que como un programa puntual.
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