Charlas y debates

Cuerpos en tránsito: cruces entre moda y arte contemporáneo en América Latina

En América Latina, el diálogo entre moda y arte contemporáneo no ha seguido un recorrido lineal ni plenamente institucionalizado. Más bien, ha emergido de forma intermitente, a menudo desde los márgenes, articulado por artistas y diseñadores que entienden el cuerpo como un territorio de inscripción política, social y material. Lejos de la lógica del lujo o del espectáculo global, estas asociaciones han operado como dispositivos críticos que interrogan identidad, trabajo, género y circulación cultural.

Desde finales del siglo XX, el cruce entre ambas disciplinas en la región se ha manifestado menos como colaboración entre campos autónomos que como una zona híbrida, donde las categorías tradicionales —obra, prenda, desfile, exposición— pierden estabilidad. En muchos casos, la moda aparece no como industria sino como lenguaje: una forma de pensar el cuerpo en relación con el contexto.

Uno de los antecedentes más claros se encuentra en Brasil, donde la escena artística ha dialogado tempranamente con prácticas vinculadas al vestir. Diseñadores como Ronaldo Fraga o la marca Osklen han construido proyectos que incorporan investigación artística, referencias a la cultura popular y colaboraciones con artistas visuales. En estos casos, el desfile se desplaza del circuito estrictamente comercial para convertirse en una puesta en escena conceptual, cercana a la performance y a la instalación. El cuerpo-modelo deja de ser soporte pasivo para convertirse en mediador de narrativas sociales, ambientales o identitarias.

Sao Paulo, Brasil – 31/01/2011 – Desfile de Ronaldo Fraga durante o SPFW – Inverno 2011. Foto : Ze Takahashi / Agencia Fotosite
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A model wears creations from the Dario Mittmann collection during the Sao Paulo Fashion Week, Thursday, Oct. 16, 2025. (AP Photo/Ettore Chiereguini)

En Argentina, el vínculo entre arte y moda ha tendido a articularse desde una sensibilidad más experimental y, a menudo, precaria. Proyectos como los de Kostüme, Maison Mesa o las colaboraciones entre artistas visuales y diseñadores independientes durante los años posteriores a la crisis de 2001, entendieron el vestir como práctica crítica. Aquí, la moda funcionó como extensión del arte contemporáneo: una herramienta para pensar el colapso económico, la reutilización de materiales, la autogestión y la performatividad del yo. Las prendas, frecuentemente exhibidas en museos o espacios alternativos, se situaban en un punto intermedio entre objeto escultórico y vestigio de acción.

Moda de colección: cómo los overoles de Marta Minujín se convirtieron en armadura artística

En Colombia y México, estas asociaciones han encontrado un terreno fértil en la performance y en el cruce con prácticas comunitarias. Diseñadores como Jorge Duque han trabajado con artistas y coreógrafos para desarrollar desfiles que operan como relatos visuales sobre territorio, violencia o memoria. En México, diversas prácticas artísticas contemporáneas han incorporado textiles, bordado y vestimenta tradicional no como cita folclórica, sino como archivo vivo y campo de disputa cultural. La prenda se convierte así en un lugar de negociación entre tradición, mercado y autoría.

Un rasgo común a muchas de estas experiencias es su relación ambigua con la institucionalidad. Aunque museos y bienales han comenzado a incorporar proyectos vinculados a la moda —ya sea como exposición, activación performática o investigación material—, el campo sigue siendo visto con recelo por parte del arte contemporáneo, que tiende a asociarlo con lo comercial o lo decorativo. Sin embargo, en el contexto latinoamericano, esta desconfianza se ve matizada por condiciones materiales específicas: economías frágiles, circuitos informales y una tradición de prácticas híbridas que desafían las jerarquías disciplinares.

El vínculo entre moda y arte en América Latina se presenta como una relación productiva. La moda introduce en el arte preguntas sobre uso, circulación y temporalidad; el arte, a su vez, desplaza la moda de su lógica de consumo inmediato hacia un espacio de reflexión crítica. En ese movimiento, el cuerpo —vestido, expuesto, activado— aparece como el verdadero punto de encuentro.

Redacción exibart latam

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