El mapa cripto de America Latina la vida mas alla de bitcoin _ Unicoin.com
La irrupción de los NFT en el campo del arte fue presentada, desde sus primeros momentos de expansión, como una promesa de democratización radical. Una tecnología capaz de certificar autoría, asegurar regalías y permitir que artistas de contextos históricamente periféricos accedieran a un mercado global sin intermediarios. En América Latina, donde las discusiones sobre visibilidad, desigualdad y acceso a los circuitos internacionales del arte son persistentes, esta narrativa encontró un terreno particularmente receptivo. Sin embargo, con el paso del tiempo, el entusiasmo inicial dio lugar a una lectura más matizada, atravesada por tensiones económicas, políticas y culturales que complejizan el relato de innovación.
Para muchos artistas latinoamericanos, los NFT aparecieron como una vía de escape frente a sistemas de legitimación tradicionales —galerías, ferias, museos— que suelen reproducir jerarquías geográficas y simbólicas. La circulación digital prometía diluir el peso del origen y favorecer una lógica meritocrática basada en la visibilidad en red. No obstante, esta aparente horizontalidad pronto mostró sus límites. El acceso al ecosistema cripto exige capital inicial, alfabetización tecnológica, dominio del inglés y una estabilidad económica que no está garantizada para la mayoría de los artistas de la región. Lejos de ser un espacio neutral, el mundo de los NFT reproduce desigualdades preexistentes, ahora mediadas por infraestructuras digitales.
Más allá del mercado, la adopción de los NFT abrió preguntas estéticas y conceptuales que dialogan de manera particular con las tradiciones artísticas latinoamericanas. Muchas prácticas de la región han trabajado históricamente con la precariedad, lo efímero, la reutilización de materiales, el archivo incompleto y la memoria fragmentada. En ese contexto, la promesa de permanencia e inmutabilidad del blockchain introduce una paradoja significativa. ¿Qué implica fijar una obra en un registro supuestamente eterno cuando buena parte de la producción artística se articula desde la pérdida, la inestabilidad o la reescritura constante del pasado?
Algunos artistas han abordado esta contradicción de forma consciente, utilizando el NFT no como fetiche tecnológico sino como herramienta crítica. En estos casos, el token funciona como una capa más dentro de una reflexión sobre propiedad, valor y extractivismo digital. El blockchain se convierte en un archivo que, lejos de ser transparente, evidencia nuevas formas de acumulación y control. Estas prácticas dialogan con debates de larga data en América Latina sobre colonialidad, dependencia tecnológica y apropiación de recursos, ahora trasladados al terreno de lo digital.
El impacto ambiental asociado a ciertas tecnologías blockchain también ha generado resistencias. En una región donde las problemáticas ecológicas están estrechamente ligadas a historias de explotación territorial, la huella energética de los NFT no puede ser leída de manera aislada. Para algunos artistas y colectivos, esta dimensión ha sido central a la hora de cuestionar la adopción acrítica de estas tecnologías, o bien de explorar alternativas técnicas y narrativas que incorporen una conciencia ambiental explícita.
En términos de mercado, el auge de los NFT dejó al descubierto dinámicas conocidas. Las ventas espectaculares y los discursos de enriquecimiento rápido convivieron con una alta volatilidad y una concentración de beneficios en pocos actores. Muchos artistas ingresaron al ecosistema atraídos por la promesa de autonomía económica, solo para encontrarse con lógicas especulativas difíciles de sostener en el tiempo. En este sentido, el mercado NFT no reemplazó al mercado tradicional del arte, sino que replicó —y en algunos casos intensificó— sus asimetrías, ahora bajo una retórica de innovación y descentralización.
Actualmente, la relación entre NFT y arte latinoamericano parece desplazarse del entusiasmo a la experimentación crítica. Más que “sumarse” a una tendencia, muchos artistas utilizan estas herramientas para interrogar sus propias condiciones de producción y circulación. El interés se corre del token como objeto de valor hacia los procesos, las comunidades y los discursos que se activan en torno a él. Esta actitud menos celebratoria permite situar a los NFT dentro de una historia más amplia de tecnologías adoptadas, adaptadas o resistidas desde el sur global.
Lejos de ofrecer una solución definitiva a los problemas estructurales del arte latinoamericano, los NFT funcionan hoy como un síntoma. Revelan tanto el deseo de sortear sistemas excluyentes como la dificultad de hacerlo sin generar nuevas dependencias. En esas zonas de tensión —entre innovación y repetición, entre promesa y límite— se abre un campo fértil para pensar críticamente el presente del arte digital en la región, no como destino inevitable, sino como espacio de disputa y reflexión.
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