Con Ornamentalia Criminalis, la artista argentina Elisa Insua profundiza una línea de investigación que atraviesa buena parte de su práctica reciente: la relación entre ornamento, deseo, consumo y moralidad. La obra, presentada durante la Bienal de Venecia en los Giardini Reali de San Marco como parte de Flora Fantastica, la exposición organizada por Swatch Art Peace Hotel,  surge a partir de la residencia interdisciplinaria desarrollada en China junto a otros cuatro artistas invitados por el programa en el marco de su quince aniversario.

Perspectiva exposición «Flora Fantástica». Giardini Reali, San Marco, Venezia. 2026. Foto cortesía de Swatch Art Peace Hotel.

Instalada en un invernadero de los jardines, la muestra toma la naturaleza como punto de partida. En el caso de Insua, esa propuesta derivó específicamente hacia el universo floral. La artista trabajó a partir de la idea de la flor como órgano sexual, interesada en pensar sus mecanismos de seducción, el color, la simetría, el brillo, la exhibición, y en cómo esas estrategias reaparecen también en ciertas construcciones culturales contemporáneas.

Detalle de obra «Ornamentalia Criminalis», escultura realizada por Elisa Insua. Estructura de resina y fibra de vidrio, recubierta con bijouterie reciclada . 2026. Foto cortesía de la artista.
Detalle de obra » Ornamentalia Criminalis», obra escultórica de Elisa Insua. Estructura de resina y fibra de vidrio recubierta con bijouterie reciclada. 2026. Foto cortesía de la artista.

La escultura, construida en resina y fibra de vidrio, mide 1,70 metros de ancho por 1,30 de alto y 1,10 de profundidad. Su forma abstracta remite simultáneamente a una flor abierta, una concha, una semilla o un cuerpo en expansión. La pieza opera desde la insinuación: un organismo exuberante que parece desplegarse lentamente hacia el espacio. La propia artista la describe también como una gran vedette: una presencia excesiva, teatral y deliberadamente seductora.

Toda la superficie está recubierta con bijouterie descartada, relojes, dijes, hebillas, cadenas y pequeños objetos ornamentales, provenientes de una campaña de recolección y de remanentes industriales donados por distintas marcas. Insua reorganiza esos fragmentos en patrones simétricos y densos, construyendo una piel brillante que recuerda tanto a ciertas texturas vegetales como a la estética exuberante del carnaval sudamericano.

Ese cruce no es casual. La artista desarrolló el proyecto durante febrero, mientras el carnaval ocurría simultáneamente en distintos puntos de América Latina. Esa atmósfera terminó impregnando la obra. Las comparsas, los cuerpos expuestos, las superficies saturadas de brillo, plumas y lentejuelas funcionan aquí como disparadores de una reflexión más amplia sobre el ornamento, el deseo y las dinámicas contemporáneas del consumo.

En ese contexto aparece también una referencia central para la artista: Ornamento y delito (1908) de Adolf Loos, texto que Insua decidió poner deliberadamente en tensión con el imaginario visual del carnaval y con la propia lógica material de la obra. Mientras desarrollaba el proyecto, comenzó a pensar esa explosión de brillo y exhibición corporal en contraste con las ideas modernistas de Loos, quien asociaba el ornamento con una forma de inmoralidad y con la obsolescencia acelerada de los objetos decorativos.

En su ensayo, Loos sostenía que los objetos ornamentales envejecen rápidamente porque pierden vigencia estética, y que esa pérdida de valor impulsa nuevos ciclos de consumo. Para el arquitecto austríaco, las sociedades “evolucionadas” tendían hacia la simplificación formal y la eliminación del exceso decorativo, mientras que el ornamento persistía en culturas consideradas primitivas o atrasadas. Aunque se trata de un texto profundamente fechado, escrito desde una mirada evolucionista hoy problemática, a Insua le interesó activar precisamente esa incomodidad y preguntarse cómo esas ideas resuenan todavía cuando se leen desde América Latina.

La obra introduce ese contrapunto con una mezcla de ironía y ambigüedad. Allí donde el pensamiento moderno veía degradación cultural, Ornamentalia Criminalis reivindica el exceso como lenguaje visual, placer colectivo y construcción identitaria. Pero también señala cómo la lógica del ornamento continúa siendo inseparable de la sociedad de consumo: los accesorios utilizados en la pieza fueron diseñados para circular rápidamente, seguir tendencias y ser reemplazados. Al reunir esos restos en una única estructura monumental, la artista interrumpe temporalmente ese ciclo de desgaste y descarte.

La artista contrapone además la mirada disciplinadora de Loos con la experiencia misma del carnaval, entendido como un tiempo de suspensión moral previo a la cuaresma: un momento donde las jerarquías sociales se alteran, el exceso se vuelve permitido y el cuerpo adquiere una visibilidad extrema. En las comparsas latinoamericanas, los cuerpos se cubren de brillo y superficies reflectantes para intensificar su presencia pública. El ornamento deja entonces de ser un signo de decadencia para convertirse en herramienta de transformación y deseo.

La obra conecta esa dimensión cultural con ciertas estrategias propias de las flores. En la naturaleza, los colores intensos, las simetrías y las superficies seductoras no responden a una voluntad decorativa inocente: son mecanismos de atracción. Insua lee el carnaval bajo una lógica similar. Tanto las flores como las comparsas construyen sistemas visuales destinados a captar la atención y producir deseo.

Al reunir miles de fragmentos ornamentales en una única estructura monumental, la artista transforma objetos obsoletos en una presencia persistente. La escultura aparece así como una gran flor artificial construida con restos de antiguas seducciones: un cuerpo brillante, excesivo y ligeramente absurdo que oscila entre celebración y agotamiento.

Fechas: 6 de mayo – 26 de julio de 2026.
Entrada libre y gratuita.

Redacción exibart latam

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