Vista de exposición Constelaciones y derivas: arte de América Latina desde la Colección FEMSA. Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey, 2026. Cortesía Colección FEMSA. Fotografía Michelle Lartigue
En su 50 aniversario, la Colección FEMSA despliega en el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey, una exposición que asume un riesgo metodológico claro: renunciar al relato lineal para ensayar una lectura constelar del arte latinoamericano. Constelaciones y derivas, propone relaciones móviles entre obras, tiempos y territorios.
La estructura en núcleos, territorios, estructuras coloniales, identidades, alquimia y abstracción, funciona como dispositivo de activación. Cada eje abre un campo de resonancias donde conviven artistas y contextos disímiles. Allí, una pieza de Ana Mendieta puede dialogar con las derivas urbanas de Francis Alÿs, desde una interrogación compartida sobre el cuerpo y su inscripción en el espacio.
Esta lógica curatorial, desarrollada por el equipo de Colección FEMSA junto a Adriana Melchor, insiste en desbordar los marcos nacionales que históricamente han organizado la lectura del arte latinoamericano. El gesto adquiere una materialidad concreta: las obras desestabilizan categorías. En ese desplazamiento emerge una narrativa fragmentaria, donde lo heterogéneo se sostiene como tensión productiva.
En el núcleo dedicado al geometrismo, figuras como Lygia Clark o Jesús Rafael Soto aparecen recontextualizadas desde preguntas sobre percepción, cuerpo y participación. La abstracción como una forma de conocimiento situada, atravesada por procesos históricos y políticos.
Algo similar ocurre en el eje de estructuras coloniales, donde la presencia de artistas como Francisco Toledo o Maruch Santíz Gómez introduce una dimensión crítica. Las obras activan memorias, saberes y resistencias que complejizan cualquier lectura unívoca del pasado colonial. Lo colonial funciona como una estructura que sigue operando.
Sin embargo, es en su programa público donde la muestra despliega una capa adicional de sentido. Rutas metabólicas propone una extensión del dispositivo expositivo hacia el campo de la experiencia sensorial, particularmente a través de la cocina. Bajo la dirección de Sara Medina, la primera ruta, centrada en el territorio, plantea una idea sugerente: la boca como herramienta de conocimiento.
Esta premisa desplaza la mirada hacia el cuerpo. El territorio se ingiere, se procesa, se transforma. En colaboración con agentes como Margarita Beristáin y Juan Escalona, el proyecto convierte el restaurante del museo en un espacio de investigación. Un gesto radical: desjerarquizar las formas de producción de conocimiento dentro del museo.
Aquí, la exposición toca uno de sus puntos más interesantes. Al incorporar prácticas culinarias como extensión curatorial, cuestiona la centralidad de la visualidad en la experiencia artística. La cocina opera como archivo vivo, como sistema de transmisión de saberes que no siempre encuentran lugar en el espacio expositivo tradicional. En ese sentido, Rutas metabólicas no ilustra los ejes de la muestra: los metaboliza.
Fecha: 20 de marzo 2026 – 9 de agosto de 2026.
Curaduría: Eugenia Braniff, Paulina Bravo y Beto Díaz Suárez (Colección FEMSA), junto a Adriana Melchor.
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