Installation view of Jangueando: Recent Acquisition 2021-2025 at Museo del Barrio, New York, 2025. Photograpg Matthew Sherman / courtesy of El Museo del Barrio, New York.
Ubicado sobre la Quinta Avenida en el extremo norte del Museum Mile, en el límite entre
Central Park y East Harlem, El Museo del Barrio presenta ‘Jangueando: Recent
Acquisitions, 2021–2025′, una exhibición que plantea una posición clara sobre cómo se
construye hoy una colección y qué narrativas decide sostener. A partir de un conjunto de
obras incorporadas entre 2021 y 2025, la muestra propone una lectura contemporánea de
las prácticas artísticas latinas, latinoamericanas y nuyorican en Nueva York, poniendo en
primer plano problemáticas ligadas a la comunidad, la identidad y las formas de
resistencia, al tiempo que se inscribe críticamente dentro del propio circuito institucional
de la ciudad.
El título funciona como clave de acceso. “Janguear”, en el uso puertorriqueño, refiere
tanto a socializar como a habitar un espacio en común. Ese doble sentido se traslada al
planteo curatorial: la exposición propone pensar el museo no solo como lugar de
exhibición sino como espacio de encuentro, de negociación y también de conflicto. En ese
marco, las obras no aparecen aisladas sino en relación con los contextos sociales y
políticos que atraviesan a las comunidades que representan, marcadas por experiencias
de migración, desigualdad y formas persistentes de exclusión.
El recorrido se organiza en núcleos temáticos que operan como dispositivos de lectura.
Secciones como En el club, Estructuras precarias, Visionarias, Trabajo pop, Estado
mental nuyorican o Futuro ancestral no solo ordenan el espacio sino que proponen
distintos modos de pensar la experiencia contemporánea.
Por su parte, Estructuras precarias introduce una dimensión más explícitamente crítica.
Las obras reunidas abordan el impacto de las infraestructuras del capitalismo tardío en las
ciudades de las Américas: gentrificación, desplazamiento, inseguridad habitacional.
Desde la escultura, estos trabajos ponen en evidencia cómo los espacios que habitamos
están atravesados por relaciones de poder, al tiempo que habilitan preguntas sobre las
formas posibles de intervención.
En Visionarias, la mirada se desplaza hacia la representación. Las artistas reunidas en
esta sección revierten una tradición histórica en la que las mujeres fueron construidas
como objeto de observación. Aquí, en cambio, son sujetos activos que miran, interpretan y
construyen sentido. La imagen se vuelve entonces un espacio de negociación entre
cuerpo, percepción y conocimiento, incorporando incluso dimensiones táctiles y
materiales.
Otra línea se despliega en Trabajo pop, donde la cultura popular aparece profundamente
ligada al mundo del trabajo y a la experiencia de clase. A través de lenguajes que
combinan lo conceptual con referencias al rasquachismo y al pop, las obras integran tradiciones gráficas, mercados informales y procesos de producción masiva, poniendo en
tensión las jerarquías entre alta cultura y cultura popular.
En Estado mental nuyorican, el eje pasa por la construcción de identidad en el contexto
neoyorquino. Las obras dan cuenta de la presencia histórica de artistas puertorriqueños
en la ciudad y de cómo sus prácticas articulan memoria, activismo y comunidad. La
noción de “estado mental” no remite a una identidad fija, sino a un campo en permanente
construcción, atravesado por experiencias migrantes y por formas de resistencia cultural.
Finalmente, Futuro ancestral introduce una ruptura con las temporalidades lineales
propias de la modernidad occidental. A partir de cosmovisiones indígenas, las obras
proponen entender el tiempo como una red de relaciones entre humanos, naturaleza y
espiritualidad. En este contexto, la práctica artística se vincula con saberes ancestrales,
procesos de sanación y formas alternativas de pensar el presente.
En conjunto, la exposición reúne cerca de cuarenta obras en distintos medios -pintura,
fotografía, escultura y video- y deja ver una evolución en la estrategia de adquisiciones del
museo. Tal como se desprende de los textos de sala, se evidencia un interés marcado en
incorporar artistas queer, de ascendencia indígena, así como prácticas que amplían los
límites disciplinarios tradicionales, reconfigurando el campo de la colección.
Más que consolidar un relato único, Jangueando propone un campo de tensiones donde
distintas narrativas coexisten y se disputan sentido. En ese cruce, el museo se redefine
como un espacio activo, capaz de alojar no solo obras, sino también formas de vida,
memorias y proyecciones de futuro.
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