En horizons: Minerva Cuevas & Thiago Hattnher, presentada en Kurimanzutto, la noción de horizonte se desplaza de su función descriptiva hacia un campo de fricción. La exposición descompone la linea visual como dispositivo perceptivo y como construcción cultural. El epígrafe de John Berger opera aquí como clave de lectura: el horizonte aparece como una zona donde tiempo y visibilidad negocian sus límites.
En las pinturas de Cuevas, el paisaje marino es sometido a una intervención material que lo desestabiliza desde abajo. El chapopote, con su densidad oscura y su viscosidad persistente, invade la superficie pictórica y la desborda. Ese gesto, aparentemente mínimo, altera la economía visual del cuadro: la línea del horizonte deja de ser una promesa de lejanía para convertirse en un punto de acumulación. Hay aquí una tensión deliberada entre la tradición romántica del paisaje y la materialidad extractiva que lo sostiene. El petróleo funciona como referencia y presencia. Su peso, su brillo y su capacidad de adherencia introducen una temporalidad distinta, más cercana a la sedimentación que a la contemplación.
Este desplazamiento resulta consistente con una práctica que, en el caso de Cuevas, ha insistido en interrogar los sistemas de producción y circulación de valor. Sin embargo, lo que emerge en esta serie es una inflexión más contenida, casi silenciosa. La crítica se filtra a través de la materia. El horizonte ennegrecido no dramatiza el desastre, pero tampoco lo oculta. Se sitúa en un umbral incómodo, donde la belleza persiste a pesar, o precisamente a causa, de su contaminación.
En contraste, Hattnher trabaja desde una expansión del horizonte. Sus pinturas una proliferación de franjas que se superponen y se desplazan. Este sistema de capas produce una inestabilidad perceptiva: no hay un punto fijo desde el cual organizar la mirada. Las referencias, florales, geométricas, paisajísticas, aparecen y desaparecen sin jerarquía, como si la superficie pictórica funcionara como un archivo en proceso.
Si en Cuevas el horizonte se densifica, en Hattnher se dispersa. Sus composiciones recuerdan, de manera tangencial, ciertas tradiciones modernistas vinculadas a la grilla, pero sin adherirse a su lógica de orden. Aquí, la repetición busca variación. Cada franja introduce un matiz, una alteración de ritmo que desactiva cualquier lectura lineal. La pintura se aproxima así a una forma de memoria: un conjunto de imágenes que se reconfiguran constantemente.
Lo que vincula ambas prácticas es una preocupación por la temporalidad. En Cuevas, el tiempo se condensa en la materia fósil del chapopote, recordando escalas geológicas y economías extractivas. En Hattnher, el tiempo se fragmenta en capas perceptivas que nunca terminan de fijarse. En ambos casos, el horizonte deja de ser un límite estable para convertirse en una zona de tránsito.
El montaje en Kurimanzutto refuerza esta lectura sin imponerla. Las obras dialogan a través de resonancias formales, la horizontalidad, la repetición, la modulación del color, manteniendo su autonomía. La exposición funciona como un campo de coexistencia donde distintas maneras de pensar el paisaje y la memoria, una condición inestable, siempre en proceso de aparecer o desaparecer. Una línea que, lejos de organizar el mundo, lo vuelve más incierto.
Fecha: 11 de abril – 13 de junio de 2026
https://www.kurimanzutto.com/exhibitions/horizons-minerva-cuevas-thiago-hattnher#tab:slideshow
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