Vista de la exposición Akinananti, de Sara Flores, White Cube, Nueva York, 2026. Cortesía de White Cube.
La exposición Akinananti de Sara Flores en White Cube New York reúne un conjunto de obras que ofrece una visión amplia de una práctica desarrollada durante más de cinco décadas desde la Amazonía peruana. En lengua shipibo, Akinananti alude al trabajo realizado colectivamente con amor y alegría, una forma de hacer basada en la reciprocidad y el cuidado que atraviesa la producción de la artista. La muestra coincide con un momento de especial visibilidad internacional para Flores, quien este año representa a Perú en la 61.ª Bienal de Venecia. En las salas de la galería, los grandes formatos permiten apreciar el desarrollo del Kené, un lenguaje visual y un sistema de conocimiento transmitido entre generaciones de mujeres que articula dibujo, territorio, memoria y cuidado.
La exposición se acompaña de un ensayo del crítico Charles Darwent que toma como punto de partida los viajes de Josef y Anni Albers a México y el interés que ambos desarrollaron por las culturas prehispánicas. Desde ese recorrido, el texto propone una lectura de la práctica de Sara Flores en diálogo con una genealogía de la abstracción atenta a la materialidad, los procesos y la experiencia del hacer. Esa perspectiva constituye el marco elegido por White Cube para presentar la exposición.
Las obras desplazan esa lectura hacia la práctica de la artista. El Kené atraviesa toda la práctica de Sara Flores y organiza un lenguaje visual que acompaña la vida cotidiana, la espiritualidad y la relación con el territorio dentro de la tradición Shipibo-Konibo. La palabra conserva un vínculo etimológico con kéenti, amar y cuidar, una asociación que permanece presente en cada una de sus composiciones.
Sara Flores comenzó su aprendizaje a los catorce años junto a su madre. Ese conocimiento continúa transmitiéndose hoy en el trabajo que desarrolla con sus hijas. La artista describe su práctica como la confluencia de una larga experiencia técnica y una capacidad visionaria que acompaña el nacimiento de cada dibujo. Recuerda las horas de infancia bajo el mosquitero de su casa, cuando la trama del tejido comenzaba a transformarse lentamente en nuevas configuraciones. Aquellas imágenes permanecían incluso después de cerrar los ojos y continúan apareciendo antes de iniciar una obra. El dibujo comienza con un gesto sencillo y se expande progresivamente hasta ocupar toda la superficie.
Los grandes formatos reunidos en White Cube permiten apreciar con claridad la densidad del dibujo y el tiempo contenido en cada composición. Las líneas principales organizan la estructura de la obra; los trazos secundarios desarrollan variaciones que expanden el ritmo del Kené y conducen la mirada a través de toda la superficie. La escala de las piezas hace visible la precisión de cada gesto y la continuidad de un proceso construido desde la observación, la memoria y la práctica cotidiana.
La preparación de los materiales forma parte del mismo proceso creativo. Flores elabora sus pigmentos con cortezas, hojas, frutos y raíces recolectados en la Amazonía peruana. Cada color mantiene una relación directa con las especies vegetales de las que procede y conserva la memoria material del territorio. La artista ha explicado que la desaparición de determinados árboles, consecuencia de la deforestación, ha transformado las rutas de recolección y las posibilidades cromáticas de su trabajo. El paisaje participa así de cada obra desde la experiencia cotidiana del bosque.
En conversaciones recientes, Sara Flores ha definido el Kené como una medicina. El dibujo organiza relaciones entre cuerpo, comunidad y territorio y expresa una idea de bienestar profundamente arraigada en la cultura Shipibo-Konibo. Esa dimensión atraviesa también la práctica colectiva que la artista sostiene desde hace décadas. El título de la exposición, Akinananti, encuentra allí su sentido más profundo: una forma de creación compartida donde el conocimiento circula a través del hacer. La fundación de la cooperativa Maroti Shobo en 1976 y el trabajo cotidiano junto a sus hijas expresan esa continuidad, manteniendo vivo un saber que se renueva con cada generación.
Fecha: 25 de junio – 14 de agosto de 2026.
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