HACIA LA BIENAL DE VENECIA

Hacia la Bienal de Venecia: Pabellón de Brasil

Hacia la Bienal de Venecia es un ciclo de entrevistas con artistas y curadores latinoamericanos que presentarán sus proyectos en la 61ª edición de la Bienal de Venecia. A través de estas conversaciones, analizamos el origen y el desarrollo de las propuestas, así como los desafíos conceptuales y técnicos que atraviesan en el proceso de producción y presentación. El ciclo también investiga las dinámicas de selección y financiación que hacen posible la participación nacional en la Bienal, con el objetivo de estudiar las especificidades de cada pabellón y las políticas de apoyo, estatales y/o privadas, que sostienen estas representaciones. De este modo, se propone una cartografía crítica de los distintos modelos institucionales latinoamericanos y de las condiciones estructurales que configuran su presencia en el contexto internacional.

En esta ocasión conversamos con Diane Lima, curadora del Pabellón de Brasil, sobre ‘Comigo ninguém pode’, el proyecto que presentará junto a las artistas Rosana Paulino y Adriana Varejão en la 61ª Bienal de Venecia.
‘Comigo ninguém pode’ propone un diálogo visceral sobre cómo la espiritualidad y la naturaleza pueden configurar un imaginario público que, al tiempo que reescribe la historia, reconstruye los muros de la memoria y resignifica las heridas coloniales a través de seres fantásticos.

Entrando de lleno en la conversación, ¿podrían contarnos en qué consiste el proyecto que presentan este año en la Bienal de Venecia? ¿Cuál es su origen y cuáles son los principales desafíos conceptuales y técnicos en su desarrollo?

Diane Lima: Comigo ninguém pode’ es una exposición-instalación que reúne pinturas que son esculturas, pinturas que funcionan como instalaciones e instalaciones que incorporan fotografías, además de dibujos y esculturas en bronce y cerámica. «Comigo ninguém pode» es el nombre en portugués de la planta conocida en español como «caña muda» o «lirio leopardo» (Dieffenbachia), una especie muy utilizada en Brasil en las entradas de las casas o junto a las puertas como símbolo de protección espiritual. El término es también una expresión popular que puede entenderse como «Nadie puede conmigo», «Nadie puede derrotarme» o incluso «¡No te metas conmigo!», en alusión a la toxicidad de la planta. En una evocación espacial de «Comigo ninguém pode», esta exposición pone en diálogo a dos artistas contemporáneas que trabajan en la reescritura performativa de las historias coloniales: Rosana Paulino (São Paulo, 1967) y Adriana Varejão (Río de Janeiro, 1964). Juntas, sus obras abren la posibilidad de percibir lo trascendente dentro de lo visible. Dada la importancia y la magnitud de las trayectorias de ambas artistas, no me cabe duda de que su «sí» a este diálogo fue tanto el mayor desafío como el mayor logro de este proyecto. Porque es un «sí» que, en la práctica, demuestra que lo que hoy nos define en el panorama geopolítico global es la búsqueda constante de diálogo, justicia social, reparación histórica y el cultivo de la solidaridad y la comunidad.

Rosana Paulino ‘da série Búfala’, 2019; aquarela e grafite sobre papel © Rosana Paulino. Foto: EstudioEmObra

‘Comigo ninguém pode’ es un proyecto que pone en diálogo a dos artistas reconocidas internacionalmente por una práctica que aborda las heridas coloniales a través de un lenguaje poético y de gran sutileza formal. ¿Cómo surge la decisión de invitarlas a dialogar y de qué manera se fueron influyendo mutuamente sus procesos de producción y reflexión en estos meses, considerando que las obras deberán convivir y establecer un diálogo muy estricto en el espacio expositivo?

D. L. : Desde el primer momento, cuando surgió la oportunidad de concebir un proyecto para la representación nacional de Brasil en La Biennale di Venecia, los nombres aparecieron a partir de una profunda intuición. Al principio, dudé de la audacia de la propuesta de reunir a dos grandes artistas en un diálogo sin precedentes e inesperado. Reflexioné sobre sus implicaciones y, pronto, las justificaciones y los argumentos históricos, críticos, artísticos y teóricos comenzaron a tomar forma de manera clara y coherente, convenciéndome de que aquello que había considerado sorprendente e inimaginable era, precisamente, lo que debía representar al Pabellón de Brasil en la exposición de arte más grande, importante e histórica del mundo.

La inspiración, por lo tanto, «surgió» como resultado de una extensa investigación. Además de mis diez años de conversaciones y colaboraciones con Rosana Paulino, en 2022 escribí un importante ensayo para la exposición de Adriana Varejão en la Pinacoteca de São Paulo, en el que insinué en qué podría convertirse este encuentro entre dos artistas tan fundamentales para el arte brasileño. Puedo decir, por tanto, que nuestra colaboración a lo largo de estos meses de intenso trabajo fue exactamente lo que se necesitaba y lo que yo había esperado para hacer realidad este proyecto: mucho diálogo, madurez, humildad y excelencia; y creo que el público lo percibirá en el resultado. Una exposición que no se divide ni se confina en espacios separados por artista, sino que presenta una composición en la que las obras armonizan como un diálogo de llamada y respuesta.

Adriana Varejão ‘Anjo encarnado’, 2025 óleo e gesso sobre tela © Adriana Varejão. Foto: Vicente de Mello

¿Cómo opera la ambivalencia terminológica del título del proyecto dentro del planteo curatorial?

D. L. : El Pabellón de Brasil es un edificio moderno cuya planta está formada por dos rectángulos —uno más pequeño en la parte delantera y otro más grande en la trasera— unidos por una gran viga de hormigón en el centro. Existe una tensión en la forma en que construimos la narrativa de la exposición, ya que el público entra en una espiral de tiempo en la que dos narrativas principales se complementan entre sí: vemos las ruinas, los muros de la memoria, las heridas y los traumas de la colonización y la esclavitud en Brasil, al tiempo que nos encontramos con los procesos de metamorfosis y transmutación que encapsulan la idea misma de ‘Comigo ninguém pode’ y el dibujo de Rosana Paulino que dio nombre a la exposición. Son estos dos universos y este movimiento los que construyen la narrativa de la exposición.

¿De qué manera esa oscilación entre protección, toxicidad y resiliencia estructura el marco conceptual de la exposición y su posicionamiento político?

D. L. : ‘Comigo ninguém pode’ reflexiona sobre la manifestación de la fe y la espiritualidad en la cultura brasileña, poniendo de relieve su estrecha relación con la naturaleza y con dimensiones que trascienden lo humano. El proyecto propone un diálogo visceral sobre cómo la espiritualidad y la naturaleza pueden configurar un imaginario público que, al tiempo que reescribe la historia, reconstruye los muros de la memoria y resignifica las heridas coloniales a través de seres fantásticos. A través de una selección de obras nuevas e históricas, la exposición revela una realidad que desafía tanto el racionalismo universal como los caminos predeterminados moldeados por el capital racial global.

Rosana Paulino, ‘Ninfa tecendo o casulo’, 2008.
Aquarela e grafite sobre papel
© Rosana Paulino. Foto: EstudioEmObra

¿Cómo creen que dialoga, si es que lo hace, el proyecto que presentan en el pabellón con los lineamientos curatoriales trazados por Koyo Kouoh para la exposición general In Minor Keys?

D. L. : La conexión más íntima que propone la invitación de In Minor Keys remite a la dimensión performativa de ‘Comigo ninguém pode‘. Desde el primer momento en que leí el texto curatorial de Koyo Kouoh, me sumé a su juego de llamada y respuesta: «sintonizar con las frecuencias de las tonalidades menores». Ella dice: «Respira hondo. Exhala. Relaja los hombros. Cierra los ojos». Si, por un lado, In Minor Keys se nos presenta como una metáfora o una figura, comprendí, a través de este ejercicio inicial, que lo que propone es que nos sintonicemos con una frecuencia: «Las canciones de quienes producen belleza a pesar de la tragedia, las melodías de los fugitivos que se recuperan de las ruinas, las armonías de quienes reparan heridas y mundos».

Estas palabras me inspiraron a crear un proyecto que reuniera a artistas que, como en el jazz, trascienden los límites de la forma, ofrecen una experiencia sensorial y construyen mundos de imaginación. Aunque el Pabellón de Brasil no representa ni responde —ni de manera figurada ni literal— a In Minor Keys, creo que la ambigüedad de la dieffenbachia y la dimensión espiritual que la planta encarna y transmite están profundamente conectadas con esa dimensión —más sensorial que didáctica— de la que habla Kouoh.

Por esta razón, era esencial concebir un proyecto que, al tiempo que abordara las heridas de la historia nacional —un tema central en la obra de ambas artistas—, fuera capaz de trascenderlas. Y creo que el proyecto lo consigue al proponernos ampliar nuestras expectativas sobre la realidad y sobre aquello que vemos. ‘Comigo ninguém pode’ es una imagen, pero es, sobre todo, un ritual, un sentimiento. Es una práctica y un estado de ánimo profundamente ligados al sincretismo espiritual y religioso de la cultura brasileña. Como título sincrético y ambiguo, revela cómo percibimos lo trascendente en lo visible y cómo nuestra espiritualidad y nuestra relación íntima con la naturaleza son elementos fundamentales para construir nuestra resiliencia y nuestras expresiones culturales y artísticas.

Adriana Varejão ‘Parede com incisões à la Fontana’ (Istambul), 2011. óleo sobre tela e poliuretano sobre suporte de alumínio e madeira © Adriana Varejão. Foto: Vicente de Mello

¿Encuentran puntos de convergencia conceptual o tensiones productivas entre ambas propuestas?

D. L. : Lo que me interesa del encuentro entre estas dos artistas son los tonos armónicos, los solapamientos y las convergencias simbólicas, cromáticas, materiales e iconográficas que conforman el repertorio cultural nacional —y que presenciaremos juntos por primera vez a través de este diálogo—. Sin embargo, también me interesan los ruidos y las cacofonías. En esta composición se hacen oír todas las dimensiones éticas vinculadas a la clase, la raza, el género y sus múltiples repercusiones históricas. Inevitablemente, estarán presentes y se desbordarán en la plasticidad, en los modos de hacer, en los lenguajes y en las materialidades de las obras, así como en lo que nuestras propias presencias significan en términos de justicia y reparación histórica. Creo que Brasil se verá a sí mismo como reflejo y sombra en el espejo: un autorretrato trazado a partir de conversaciones sobre la carne, la naturaleza y la fe.

En un momento en que se cuestionan cada vez más las lógicas centro-periferia y las nociones tradicionales de representación nacional, ¿cómo piensan el formato del pabellón nacional en la Bienal de Venecia? ¿Sigue siendo una herramienta válida para representar la complejidad de una escena artística o requiere ser repensado?

D. L. : Como sabemos, el formato de La Bienal de Venecia tiene sus raíces en una noción contradictoria y paradójica de representación, nacionalismo y uniformidad que se remonta al siglo XIX. Como iniciativa esencialmente moderna, el formato de los pabellones y su disposición geográfica en los Giardini siguen una dimensión geopolítica que regula el capital racial global y su régimen racial de representación, en el que se celebra la trayectoria del «ser humano desarrollado» en el centro euroamericano y se traza una línea que delimita y separa a los «otros» de los subdesarrollados. Aunque nuestro proyecto no es capaz de desmantelar esta estructura, creo que difumina y desafía las nociones de representación nacional brasileña precisamente al subvertir la imagen que Brasil siempre ha buscado exportar, alineándose con la cultura europea y negando no solo las contribuciones afroindígenas, sino también la deuda impagable que la colonización y la esclavitud impusieron a estas poblaciones, con el fin de justificar su propio progreso y desarrollo.

Rosana Paulino ‘Tecelãs’, 2003. faiança, terracota, algodão e linha sintética © Rosana Paulino. Acervo Biblioteca de Artes Visuais | Pinacoteca de São Paulo. Foto: Isabella Matheus

¿Cuáles son sus expectativas en relación con la participación en la Bienal de Venecia y cuales sus proyectos futuros?

D. L. : Me siento muy feliz y agradecida por la oportunidad de trabajar con dos artistas tan experimentadas y generosas. Representar a un país tan complejo como Brasil es una tarea de gran responsabilidad, y creo que ‘Comigo Ninguém Pode’ propone tanto el colofón como el inicio de un nuevo capítulo en mi carrera, sobre todo teniendo en cuenta lo que he aportado y logrado hasta ahora al cuestionar las nociones de justicia social en el ámbito del arte. Mi próximo proyecto es el 39.º Panorama del Arte Brasileño en el Museo de Arte Moderno de São Paulo, que es otro acontecimiento histórico en Brasil, además de otros dos proyectos que tienden un puente entre Brasil y Estados Unidos, de los que estoy deseando hablaros pronto.

Pavilhão do Brasil durante a pré abertura da participação brasileira na 19 Mostra Internacional de Arquitetura de Veneza. © ReportArch / Andrea Ferro Photography / Fundação Bienal de São Paulo

Brasil
Comigo ninguém pode
Comisariado: Andrea Pinheiro, President Fundação Bienal de São Paulo
Curaduría: Diane Lima
Exponen: Rosana Paulino and Adriana Varejão
Sede: Giardini

Diane Lima (Mundo Novo, Bahía, Brasil, 1986) es curadora e investigadora, y una de las voces más destacadas del feminismo negro en el arte latinoamericano. Formó parte del colectivo curatorial de «coreografias do impossível» [coreografías de lo imposible], la 35.ª Bienal de São Paulo (2023), y ha comisariado exposiciones como «Paulo Nazareth: Luzia en el Museo Tamayo (Ciudad de México, 2024) y O rio é uma serpente [El río es una serpiente], la III Trienal de Arte de Frestas (2020/2021). También organizó el programa Diálogos Ausentes en Itaú Cultural (2016-2017), que desempeñó un papel histórico en el giro anticolonial del arte contemporáneo brasileño. Entre sus reconocimientos recientes se encuentran su nombramiento como vicepresidenta del Consejo Asesor Científico de documenta y del Museum Fridericianum gGmbH (2025, Alemania) y la Beca Global de la Fundación Ford (2021). Diane es autora y editora de la antología Negros na Piscina: Arte Contemporânea, Curadoria e Educação [Negros en la piscina: arte contemporáneo, curaduría y educación] (2024), que documenta los últimos diez años de debates sobre raza y arte en Brasil. También fue nombrada curadora jefe del 39.º Panorama da Arte Brasileira en el Museo de Arte Moderno de São Paulo.

Adriana Varejão (Río de Janeiro, Brasil, 1964) ha desarrollado, desde la década de 1980, una obra caracterizada por reflexiones críticas sobre el colonialismo y la formación plural de la cultura brasileña. Ha realizado exposiciones retrospectivas en instituciones como el Centro de Arte Moderna Gulbenkian de Lisboa, la Pinacoteca de São Paulo, la Haus der Kunst (Múnich), el Museo Tamayo (Ciudad de México), el ICA (Boston), el Malba (Buenos Aires), el Museo Hara (Tokio) y la Fondation Cartier (París). También ha participado en las bienales de São Paulo, Sídney, La Habana, Liverpool y Estambul. A lo largo de su carrera ha recibido importantes distinciones, entre ellas la Ordem do Mérito Cultural del Ministerio de Cultura de Brasil y la distinción de Chevalier des Arts et des Lettres del Gobierno francés. Sus obras forman parte de las colecciones de museos como la Tate Modern (Londres), el Museo Metropolitano de Arte y el Guggenheim (Nueva York), el Museo de Arte de Dallas, el Stedelijk Museum (Ámsterdam), la Fundação Serralves (Oporto), el Museo Reina Sofía (Madrid) y el MASP (São Paulo). En el Instituto Inhotim de Brumadinho, Minas Gerais, hay un pabellón permanente dedicado a su obra.

Rosana Paulino (São Paulo, Brasil, 1967) vive y trabaja en São Paulo. Es doctora en Artes Visuales y licenciada en Grabado por la Facultad de Comunicación y Artes de la USP, además de especialista en Grabado por el London Print Studio. Reconocida como una de las artistas más destacadas de su generación, ha recibido importantes premios, entre los que se incluyen el Konex Mercosur: Artes Visuales (Argentina, 2022), el Premio MUNCH (Noruega, 2024), el Premio Jane Lombard (Estados Unidos, 2025) y el Premio Black Mountain College (Estados Unidos, 2025). Su obra forma parte de las colecciones de importantes instituciones, entre las que se incluyen el MAM SP, la Pinacoteca de São Paulo, el MASP, el Malba (Buenos Aires), el Pérez Art Museum (Miami), el Studio Museum de Harlem (Nueva York), el MoMA (Nueva York), el Museo de Arte de la Universidad de Nuevo México (Albuquerque), los Museos de Arte de Harvard (Cambridge), la Tate Modern (Londres) y el Centro Pompidou (París).

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