Anselm Kiefer llega a Valencia con el debut europeo de una obra monumental
En Valencia inauguró una exposición que pone en diálogo la arquitectura barroca de las salas restauradas del Palacio de Valeriola y las obras monumentales de Anselm Kiefer.
«Pienso en imágenes. Los poemas me ayudan… son como boyas en el mar». Con estas palabras, el artista alemán de fama internacional Anselm Kieferdefine una práctica artística que desde hace más de medio siglo interroga las heridas de la historia europea, especialmente las de la Alemania de posguerra. La muestra en el Centro de Arte Hortensia Herrero (CAHH), en Valencia, curada por Javier Molins, no es solo el debut del artista en la ciudad española, sino una inmersión total en un imaginario hecho de plomo, ceniza, oro y memoria histórica.
El corazón de la exposición, desplegada en seis galerías del histórico Palacio de Valeriola, es una monumentalidad cargada de símbolos. Entre las piezas más destacadas sobresale la imponente Danaë (2016–2021), una obra de más de trece metros de ancho exhibida hasta ahora únicamente en New York en 2022. Presentada en Valencia en su debut europeo, la tela representa el interior del aeropuerto de Tempelhof de Berlín: un lugar marcado por el peso ideológico del régimen nazi, transfigurado aquí a través del mito griego de la lluvia de oro. Utilizando materiales como pan de oro, goma laca y emulsión, Kiefer transforma un símbolo del poder en un espacio de tensión entre destrucción y renacimiento.
Danae, CAHH @Nastassia Tarusava
El vínculo entre el artista y la coleccionista Hortensia Herrero tiene raíces profundas, nacidas hace casi diez años con la adquisición de la obra Böse Blumen. Hoy, Kiefer es uno de los pilares de la colección permanente del CAHH, y esta exposición temporal permite profundizar en los temas centrales de su investigación: el paisaje como custodio de huellas históricas y la literatura como brújula existencial.
La incorporación de Valencia a la “constelación Kiefer” —que en España ya incluye al Museo Guggenheim Bilbao, el Museo Reina Sofía de Madrid y la Fundación Sorigué en Lleida— confirma el crecimiento de la ciudad como destino cultural de primer nivel. El diálogo entre las obras de Kiefer y los restos romanos e islámicos descubiertos durante la restauración del palacio crea una experiencia estética estratificada: aquí el arte contemporáneo habita activamente las capas históricas de la ciudad.
En una época que tiene dificultades para enfrentarse a sus propios fantasmas, el trabajo de Kiefer resuena con una fuerza particular. Sus telas, pesadas como lápidas pero luminosas como revelaciones, recuerdan que el paisaje nunca es neutral y que el arte es la herramienta capaz de hacer visibles los ciclos de devastación y transformación que definen la experiencia humana.