Mercado

Gramática de las subastas. ¿Qué es el buyer’s premium?

Cada resultado de una subasta cuenta al menos dos historias: la del precio alcanzado por la obra y la del coste efectivo asumido por quien se la adjudica. Entre estos dos importes se encuentra el buyer’s premium, una comisión que ya forma parte estructural del mercado internacional. Pensemos en la obra maestra de Rothko, No. 15 (Two Greens and Red Stripe), de 1964, adjudicada en mayo por 85 millones de dólares en Christie’s (en sala), mientras que el precio final declarado fue de 98,4 millones de dólares. O en los Nenúfares de Monet, de 1907, que este verano establecieron en 40,8 millones de libras el récord del pintor en Europa, aunque quienes estaban presentes aquella noche en New Bond Street, en Sotheby’s, vieron cómo el martillo del subastador caía sobre una puja máxima de 35 millones de libras. Y ocurre con cualquier categoría: en junio, el conjunto de cuatro fuentes «Grenouille» de François-Xavier Lalanne, de 1981, procedente de la colección de Alexandra Marshall, alcanzó un precio final de 6,3 millones de dólares, aunque la puja se detuvo en 5,1 millones. ¿Por qué estas diferencias? Precisamente por el buyer’s premium. Es el primer protagonista de nuestra nueva sección, Gramática de las subastas.

El mecanismo es sencillo: el subastador detiene las pujas, deja caer el martillo y declara el precio de adjudicación (el llamado hammer price). Sobre esa cantidad se calcula posteriormente una comisión, generalmente estructurada por tramos, que incrementa el coste final asumido por el comprador. Por eso, el precio de martillo y el precio efectivamente pagado casi nunca coinciden.

El buyer’s premium (en español, comisión de compra o derechos de subasta, aunque casi todo el mundo utiliza la expresión inglesa también dentro de las fronteras nacionales) representa una de las principales fuentes de ingresos de las casas de subastas, junto con las comisiones cobradas a los vendedores. Para los coleccionistas es un elemento esencial que deben tener en cuenta antes de hacer una puja: establecer el límite máximo significa, en efecto, considerar no solo el valor de la obra, sino también las comisiones, los posibles impuestos y los gastos adicionales.

En los últimos años, la transparencia sobre estos costes ha aumentado considerablemente —en 1975, el moderno buyer’s premium fue introducido al 10 % por Christie’s y Sotheby’s en Londres—. ¿De qué porcentaje estamos hablando? Varía según el tramo y según la ciudad. Los catálogos y las plataformas en línea indican con precisión los tramos aplicables, permitiendo a los participantes calcular por adelantado el coste total de la adquisición. Una buena práctica, especialmente para quienes se acercan por primera vez al mercado del arte.

Este artículo fue publicado originalmente por exibart.com

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