Ed Ruscha’s chocolate bar collaboration with andSons Chocolatiers. Courtesy of andSons.
El maestro del pop Ed Ruscha reinterpreta uno de los paisajes simbólicos de su imaginario transformándolo en una tableta de chocolate amargo producida en 300 ejemplares.
El lenguaje artístico de Ed Ruscha impreso en una tableta de chocolate amargo: ¿qué puede ser más pop? Parece un sueño, pero es realidad. Un dulcísimo y valioso objeto nacido de la colaboración entre Ruscha y andSons Chocolatiers. El resultado, a medio camino entre objeto de consumo y obra de arte, es una tableta de chocolate amargo modelada como una sección topográfica del Valle Central de California, en el punto de contacto entre las montañas de Santa Lucía y el océano Pacífico.
Producida en 300 ejemplares y vendida a 295 dólares cada una, la tableta va acompañada de una reproducción de Made in California (1971), litografía concebida originalmente como póster para una exposición en la UCLA Grunwald Graphic Arts Foundation. Con este nuevo proyecto, la iconografía ruscheana —texto, geografía, industria cultural— se cruza con las lógicas del gusto como nunca antes.
El uso del chocolate no es un episodio aislado dentro de la práctica de Ruscha. Ya en 1970, con motivo de la 35.ª Bienal de Venecia, el artista presentó Chocolate Room, un entorno compuesto por hojas serigrafiadas con pasta de chocolate Nestlé aplicadas directamente sobre las paredes. Nacido de una experimentación con los materiales de la impresión, el proyecto introducía una dimensión sensorial e inestable, poniendo en cuestión las nociones de duración, conservación y reproducibilidad de la obra, y activando los sentidos del visitante, no solo la vista, sino también el olfato.
De manera más amplia, el chocolate ha formado parte de proyectos artísticos de la segunda mitad del siglo XX en diversas ocasiones. Mientras Dieter Roth lo utilizó como una materia entrópica, destinada a la transformación y al deterioro, Joseph Beuys lo empleó en algunas de sus performances por su carga simbólica y energética. En Ruscha, en cambio, el chocolate adquiere una dimensión explícitamente pop: se convierte en un punto de encuentro privilegiado entre imagen e industria.
La reciente reaparición de Chocolate Room en la retrospectiva ED RUSCHA / NOW THEN, presentada en el MoMA en 2023 y en el LACMA en 2024, confirmó la centralidad de esta reflexión dentro de su obra. La nueva tableta californiana no introduce una ruptura, sino que funciona como una variación más sobre un tema ya consolidado: la transformación del lenguaje pop en materia y de la materia en imagen.
En este sentido, el chocolate se convierte para Ruscha en un dispositivo ideal para mantener unidas estética y consumo, superficie y deseo, obra y producto. Un objeto que se ofrece a la mirada —y potencialmente al paladar—, poniendo en cortocircuito la propia idea de valor, entre el placer efímero y la permanencia simbólica.
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