Chico da Silva (Francisco da Silva), Sem título [Untitled], 1966. Photo: Ding Musa | Courtesy Galatea
En And the Soul Is for the Birds, Nottingham Contemporary reúne una selección significativa de obras de Chico da Silva, una de las figuras más singulares del arte brasileño del siglo XX, cuya producción continúa desafiando las categorías convencionales de la historia del arte. La exposición invita a recorrer un universo visual construido entre la experiencia amazónica, las tradiciones orales del norte de Brasil y una imaginación desbordante, donde peces, aves, reptiles y seres fantásticos componen un entramado de relaciones que diluye las fronteras entre naturaleza, mito y memoria. La muestra propone una inmersión en una forma singular de comprender el mundo a través de la imagen.
Retrato de Chico da Silva. Foto cortesia de Nottingham Contemporary
Nacido en la región amazónica y posteriormente establecido en Ceará, Chico da Silva desarrolló un lenguaje pictórico arraigado en los territorios y relatos que atravesaron su vida. Su obra articula referencias provenientes tanto de la selva como del litoral nordestino brasileño, configurando un repertorio visual donde conviven especies reconocibles y criaturas imaginarias. Sus pinturas construyen espacios de transformación continua, donde la observación del entorno se entrelaza con la memoria, la oralidad y la invención.
Chico da Silva (Francisco Domingos da Silva), Untitled, 1964, Gouache on paper. Photo: Ding Musa. Courtesy Private Collection São Paulo, Brazil
La exposición subraya cómo el artista construyó una cosmología visual propia, ajena a las jerarquías tradicionales que organizan el mundo occidental. En sus obras se percibe una división desdibujada entre fondo y figura, una perspectiva inestable. Todo parece encontrarse en un estado de transformación permanente. Los animales se enfrentan, se devoran, se observan o coexisten en espacios saturados de color y movimiento. La tensión y la convivencia aparecen como fuerzas complementarias dentro de un ecosistema expandido.
Durante gran parte del siglo XX, la obra de Chico da Silva fue leída a través de categorías como “arte primitivo”, “naíf” o “popular”, etiquetas que contribuyeron a su visibilidad internacional pero que también limitaron la comprensión de la complejidad de su producción. La muestra aborda críticamente esa historia de recepción y propone una revisión de las relaciones de poder que moldearon su inserción en los circuitos artísticos globales. En particular, revisita el papel desempeñado por el crítico y marchante suizo Jean-Pierre Chabloz, figura decisiva en la difusión de la obra del artista, aunque también responsable de una interpretación mediada por imaginarios coloniales y exotizantes.
Chico da Silva Untitled, 1972 acrylic and mixed media on canvas 23 x 27 3/4 inches. Photo cortesy of Nottingham ContemporaryChico da Silva, Untitle, 1966, tempera on paper, 65.4 × 96 cm. Photo cortesy of Nottingham Contemporary
La relevancia de esta relectura resulta especialmente significativa en un momento en que museos e instituciones buscan revisar los relatos que históricamente definieron el arte latinoamericano desde perspectivas eurocéntricas. En este contexto, la exposición propone una aproximación a la obra de Chico da Silva desde su singularidad, atendiendo a las condiciones culturales, territoriales y simbólicas que dieron forma a su práctica. Como señalan los textos de sala, su producción no puede reducirse ni al primitivismo ni a una visión romántica de la alteridad; se trata de una obra construida desde la intuición, la experiencia y una notable sensibilidad técnica.
Chico da Silva Untitled, 1972 gouache and mixed media on canvas 23 x 27 3/4 inches. Photo cortesy of Nottingham ContemporaryChico da Silva, Fish and Sea Snake, 1966, tempera on paper, 65.4 × 96 cm. Photo cortesy of Nottingham Contemporary
La muestra también recupera aspectos menos conocidos de su trayectoria. Entre ellos destaca la creación de la Escuela de Pirambu, una experiencia colectiva iniciada en la década de 1960 en la que familiares, amigos y miembros de la comunidad participaron en la producción de obras bajo la orientación del artista. El proyecto funcionó como una plataforma de formación y sustento económico para centenares de personas, cuestionando al mismo tiempo las nociones tradicionales de autenticidad que dominaban el mercado y las instituciones artísticas. La exposición sitúa esta experiencia como una parte fundamental de la trayectoria de Chico da Silva, junto con su creciente reconocimiento internacional, que incluyó su participación en la Bienal de Venecia de 1966, donde recibió una mención honorífica.
Vista desde el presente, la obra de Chico da Silva adquiere una resonancia particular. Sus pinturas invitan a pensar formas de coexistencia entre especies, temporalidades y mundos que no responden a lógicas de dominación. En ellas, la imaginación actúa como una forma de conocimiento capaz de reorganizar las relaciones entre los seres vivos. La fuerza de estas imágenes radica precisamente en esa capacidad de proponer otros modos de habitar el mundo, donde lo humano pasa a formar parte de una red más amplia de interdependencias.