Presentada en 2025 en Ocean Space, el antiguo espacio eclesiástico de la Chiesa di San Lorenzo reconvertido en plataforma para pensar el océano, «Otras montañas, las que andan sueltas bajo el agua» se inscribe en una genealogía reciente de exposiciones que buscan desplazar la centralidad de la mirada terrestre. Su llegada al Museo de Arte Contemporáneo de Panamá en 2026 lo recontextualiza: del enclave veneciano, profundamente atravesado por circuitos globales del arte, a un territorio donde las relaciones entre mar, geopolítica y memoria operan desde otras urgencias.
El proyecto, comisariado por Yina Jiménez Suriel junto a Juan Canela, surge como culminación de The Current IV, programa de TBA21–Academy que, en su cuarta iteración, se concentró en el Caribe. The Current funciona aquí como una estructura de pensamiento: una forma de articular prácticas artísticas, investigación científica y discursos sobre conservación bajo una misma pregunta: cómo imaginar otras formas de habitar lo oceánico.
En este contexto, el concepto de improvisación~estilo libre aparece como tecnología cultural situada. Vinculada a historias de cimarronaje en el Caribe, esta noción desplaza la idea de libertad entendida como ruptura absoluta para situarla en el terreno de la adaptación continua, la variación y la fuga.
La videoinstalación A shipwreck is not a wreck (2025) de Nadia Huggins condensa esta operación. El naufragio se activa como un ecosistema en transformación. La cámara, o más bien el dispositivo perceptivo que la obra construye, no organiza el espacio desde coordenadas estables. Lo que emerge es una experiencia desorientadora: cuerpos humanos y no humanos flotan, se entrelazan, se disuelven en una temporalidad expandida donde la distinción entre fondo y figura pierde consistencia.
Hay aquí un gesto preciso: desarticular la verticalidad como régimen dominante de la experiencia. Si en tierra el cuerpo se organiza en torno a ejes de estabilidad, erguido, orientado, productivo, bajo el agua esa lógica se suspende. La flotación no es solo una condición física, sino una posibilidad epistemológica.
En diálogo, a call to the ocean (2025) de Tessa Mars desplaza la atención hacia lo emergido: montañas, formaciones geológicas, territorios históricamente vinculados al cimarronaje. Sin embargo, su tratamiento evita cualquier fijación identitaria o paisajística. Las figuras que habitan sus composiciones, densas, estratificadas, atravesadas por capas de color y sonido, parecen encontrarse en tránsito constante, como si la montaña misma fuera un cuerpo en proceso.
La referencia al futuro, instrumento de viento hecho de caracol utilizado en contextos de resistencia, introduce otra dimensión: la del sonido como llamada, como señal, pero también como vibración que atraviesa cuerpos y territorios. Mars no representa la historia; la activa como frecuencia.
Ambas artistas comparten una operación crítica: desestabilizar los marcos que organizan lo sensible. En este sentido, la exposición plantea tres desplazamientos clave: abandonar la perspectiva terrestre como centro, reconsiderar los sistemas que sostienen la vida y confrontar estructuras de poder que operan tanto a nivel material como perceptivo.
Obras inéditas, mobiliario, cartas y fotografías que revelan el lado más íntimo del artista: en…
Nuevas tensiones en la Biennale di Venezia 2026, esta vez a nivel individual: el artista…
La primera edición de ARTUC, que tendrá lugar del 25 al 28 de junio en…
Ayako Takemoto es Deputy Director del Fukuda Art Museum y del Saga Arashiyama Museum of…
A un día de la inauguración de la 61a Bienal de Venecia la entrevista cierra…
Confirmada la ausencia de Irán en la Biennale di Venezia 2026: el Pabellón no abrirá…